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jueves, 7 de marzo de 2019

¿Sirven los refugios para mujeres que viven violencia?



Imagina que eres mujer y que el lugar donde crees deberías estar a salvo (tu hogar) es donde más vulnerable te sientes. No tienes a dónde ir porque sabes te van a encontrar; tienes miedo, no solo por ti sino también por tus hijos e hijas, te sientes sola.  Te vinculas con asociaciones civiles y autoridades competentes y te mandan a un refugio, pero ¿qué es un refugio? Un refugio es un lugar que tiene la finalidad de proveer un espacio seguro a las mujeres que viven violencia, y prevenir futuros actos de violencia. Estos surgen como política pública resultado de la firma de Tratados Internacionales como la CEDAW (Convención sobre la Eliminación de todas formas de Discriminación contra la Mujer).

Si bien los beneficios de estos refugios y de los programas que permiten su existencia son evidentes para la mayoría de la población, la realidad es que hay grupos de personas (y en la actualidad van aumentando), que cuestionan su utilidad e incluso, la necesidad de que sean financiados con recursos del Estado. Muchos de sus alegatos, son mencionados de manera breve en un artículo relativamente antiguo de Weiner (1991) donde menciona que el financiamiento gubernamental para los refugios genera dependencia al gobierno, pérdida de autonomía, bajo involucramiento por parte del gobierno, captación de votos, burocracia, entre otros.

¿Y dónde quedó la evidencia?

Aunque el artículo de Weiner es una lectura coherente y propicia una reflexión interesante, no hay que olvidar que, lamentablemente, es una opinión. Su artículo no presenta estudios empíricos, o al menos no de una manera sistematizada, que permita apreciar que sus afirmaciones son ciertas. Esto es importante, porque cuando se toman decisiones sobre políticas que afecta el bienestar social, las opiniones tienen poca utilidad, y lo importante son los hechos. A nivel científico y práctico, los artículos de opinión (como el de Weiner) tiene poco que ofrecer en la solución de problemáticas como las que aquí se discuten. La alternativa a los artículos de opinión son las revisiones sistemáticas y los meta-análisis. En términos generales, una revisión sistemática es un tipo de estudio científico que buscar resumir varias investigaciones sobre un mismo tema para identificar consistencias en los resultados. Éstas pueden o no incluir un meta-análisis, el cual se caracteriza por ser un tipo de revisión sistemática que incluye análisis estadísticos de los análisis estadísticos de los estudios originales, lo que permite generalizar los resultados.

Gracias a los meta-análisis y revisiones sistemáticas hemos tenido grandes avances en política pública, salud pública o seguridad pública. Un ejemplo clásico (y desafortunado) de porqué no creer tanto en “opiniones de expertos” y sí en los meta-análisis, es el caso del pediatra Benjamín Spock. En la década de los 50, en su libro “Cuidado del Bebé y el Infante” (Baby and Child Care), que vendió más de 50 millones de copias entre 1950 y 1990, mencionaba que: “es preferible acostumbrar a los bebés a dormir boca abajo desde el inicio”. Durante el mismo periodo (1950 a 1990)  más de 100,000 muertes de infantes fueron registradas debido al Síndrome de Muerte Súbita Infantil (SMSI). A finales de ese período (en 1991), un par de investigadores que buscaban prevenir el SMSI realizaron un meta-análisis de sus factores de riesgo, en el cual encontraron que el SMSI disminuye hasta en un 50% cuando a los bebés se les acuesta boca arriba (Beal y Finch, 1991), contrario a lo que el “experto” Dr. Spock recomendó 40 años antes. A partir de esto, se crearon programas de política pública que recomendaban a los padres de recién nacidos dormir a sus hijos boca arriba. De esta forma la mortalidad por SMSI disminuyó.



Es por esto que me permitirán dudar de las razones que se brindan desde la “opinión de expertos” del porqué los refugios para mujeres que viven violencia no deben tener financiamiento público. Si entendemos la violencia como un problema de salud pública o incluso, como un problema de seguridad pública, es deber del estado realizar esfuerzos que permitan resolver este problema. Dicho esto, quizás la pregunta correcta sería: ¿Existe evidencia de que los refugios para mujeres  que viven violencia ayudan a atender el problema de la violencia de pareja? Porque si no existe tal evidencia, entonces tendría todo el sentido recortar o disminuir el financiamiento a programas que no muestren su efectividad. Ante esto, no queda más que revisar las revisiones sistemáticas y meta-análisis que existen al respecto.

La evidencia sobre los refugios para mujeres

En una revisión sistemática realizada por el Proyecto de Evidencia para la Violencia Doméstica (Domestic Violence Evidence Project), se revisaron 17 investigaciones que evaluaban los efectos en las usuarias del servicio, sobre el haber residido en un refugio para mujeres víctimas de violencia. Más allá de que todos los estudios mostraron altos porcentajes de satisfacción, el estudio se encargó de hacer énfasis en resultados más relevantes como el sentirse seguras, tener más estrategias para protegerse, la mejora de la autoestima, la disminución de la depresión, el conocer más sobre recursos disponibles, conocer a otras mujeres que viven o vivieron esa situación y que ofrecen apoyo social a las víctimas, así como el salir de la relación de abuso. La gran mayoría de estos estudios señaló un efecto positivo en todas estas variables en las mujeres que viven violencia que usaron los refugios; aunque también se identificaron algunos efectos negativos, como un pequeño porcentaje de usuarias que declararon que la violencia aumentó (menos del 10%), y, la principal queja sobre los refugios fue la falta de privacidad en los espacios. Por otro lado, no solo se encontraron efectos positivos para las mujeres, sino que también se observaron beneficios en sus hijos e hijas al aumentar su bienestar y mejorar sus estilos de afrontamiento, pues se ha asociado a una disminución de conductas agresivas para resolver problemas o situaciones conflictivas en las hijas e hijos. En gran parte es posible que estos beneficios se deban al apoyo que prestaba el staff, pues las usuarias reportaban sentirse escuchadas, no juzgadas, y se les daba atención terapéutica y asistencial. Además, estos resultados fueron consistentes en varios países como Canadá, Estados Unidos o Israel (Sullivan, 2012).

Otro estudio más riguroso, que incluye un meta-análisis de 10 estudios internacionales, encontró que las intervenciones llevadas a cabo dentro de los refugios (durante y después de la estadía), tienen resultados positivos. Se encontró que mejora la salud mental de las mujeres, disminuye el abuso y la violencia, y mejora su funcionamiento social (por ejemplo, tener apoyo social y la efectividad para obtener ayuda (Jonker et al., 2014). En general, se observa resultados consistentes sobre los beneficios de los refugios en al menos dos revisiones sistemáticas independientes realizadas de forma relativamente reciente.

Por su parte, otros estudios señalan que estos programas suelen ayudar a desarrollar una serie de actividades que favorecen el desarrollo de competencias, conocimientos y habilidades para lidiar con las situaciones de violencia en casa, tales como el proveer información, crear un plan de seguridad, desarrollar habilidades de autocuidado, generar un ambiente de empatía, apoyo y respeto, ofrecer consejería, incrementar el acceso a recursos y oportunidades en la comunidad (como el empleo), e incrementar el apoyo social y comunitario (Sullivan, 2018). Si bien, diversos programas para el apoyo de mujeres que viven violencia utilizan algunas o casi todas las actividades mencionadas, los refugios son especialmente importante para aquellas mujeres que no pueden acudir a otros lugares de apoyo, ya sea porque los desconocen, o bien porque no tienen los recursos para acceder a ellos (Sullivan, 2012).

En conclusión…

Así que en general, la evidencia señala los efectos positivos que tienen los refugios para mujeres que viven violencia. Beneficios que van desde el salir de la relación violentada, hasta efectos positivos en su salud mental. Además, los beneficios también se impactan en sus hijos e  hijas, y los resultados parecen ser extrapolables, pues se han encontrado resultados similares en diversos países. Tomando en cuenta su efectividad, y considerando a la violencia como un problema de salud y seguridad pública, no solo es ético que el gobierno provee financiamiento para ello, sino que podríamos decir que no hacerlo es totalmente irracional e irresponsable. Es necesario que las decisiones sobre el mantener o retirar el financiamiento gubernamental hacia esta tipo de programas estén fundamentadas en la mejor evidencia disponible, asegurando de esta manera, la adecuada utilización de los recursos públicos y los mejores resultados posibles para el bienestar de las mujeres que viven violencia.

Referencias

Beal, S. M., & Finch, C. F. (1991). An overview of retrospective case‐control studies investigating the relationship between prone sleeping position and SIDS. Journal of paediatrics and child health, 27(6), 334-339.

Jonker, I. E., Sijbrandij, M., Van Luijtelaar, M. J., Cuijpers, P., & Wolf, J. R. (2014). The effectiveness of interventions during and after residence in women’s shelters: A meta-analysis. The European Journal of Public Health, 25(1), 15-19.

Sullivan, C. M. (2012). Domestic violence shelter services: A review of the empirical evidence. Harrisburg, PA: National Resource Center on Domestic Violence.

Sullivan, C. M. (2018). Understanding how domestic violence support services promote survivor well-being: a conceptual model. Journal of family violence, 33(2), 123-131.

Weiner, M. H. (1990). From dollars to sense: a critique of government funding for the battered women's shelter movement. Law & Inequality, 9, 185-277.

sábado, 27 de junio de 2015

¿Porque las mujeres se quedan en una relación abusiva?



Una de las preguntas que nos hacemos típicamente cuando nos enteramos de un caso de violencia de pareja es "¿porque una mujer abusada decidiría quedarse con su pareja?" Aún incluso luego de que sus familiares, amigos y profesionales les aconsejan salir de la relación. Lamentablemente muchas veces la mayoría de la gente se hace esta pregunta con la idea subyacente de "¿porque les gusta ser abusadas?".

Esta misma pregunta se hizo Meyer (2012) a la cual dio un poco de luz en un interesante artículo publicado. Ella aborda esta pregunta desde la perspectiva de una toma de decisiones basada en el género. Esta perspectiva argumenta que hombres y mujeres tienen diferentes estilos cognitivos para su toma de decisiones. Mientras que los hombres toman decisiones basadas en el egocentrismo y beneficio propio, las mujeres tienden a tomar desiciones basadas en los beneficios que estas decisiones traerán hacia sus seres queridos cercanos (como por ejemplo, sus hijos). De antemano, esta perspectiva ya nos da un poco de idea de las posibles razones.

En una serie de entrevistas a profundidad realizadas a 29 mujeres que había sufrido de violencia de pareja (y que en el tiempo del estudio se encontraban separadas de su pareja), se encontraron al menos dos grandes razones: el impacto que tiene la decisión en los hijos, y la dependencia económica que se tiene de la pareja.

Con respecto al impacto que tiene la decisión en los hijos, Meyer comenta que muchas de las mujeres entrevistadas relatan como el percibir del riesgo en la relación les hace decidir si dejar o no ésta. Por ejemplo, cuando la mujer cree que aún tiene posibilidad para defender a sus hijos de su pareja agresora, tenderá a permanecer en la relación, sin embargo, en el momento en el que ella se percata de que su pareja no sólo representa un riesgo para ella, sino también para sus hijos, y que además ve cada más poder defender a sus hijos de la situación, tenderá a buscar la forma de salir de la relación con sus hijos y buscar ayuda,

Por otro lado, la dependencia económica también juega un papel muy importante. Meyer comenta que muchas mujeres permanecen en la relación, aun queriendo salir de ella, básicamente porque carecen de los recursos financieros suficientes para comenzar una nueva vida (o al menos una vida estable) para ella y sus hijos. Muchas mujeres relatan que aunque meses atrás ya habían decidido salir de relación, no lo hicieron porque no tenían sus documentos importantes con ella, y porque no contaban con el dinero suficiente para salir a vivir de forma independiente. Y no fue sino hasta que buscaron los medios para conseguir estas dos condiciones, que no se dio el paso final para dejar la relación.

La información proporcionada por el estudio de Meyer si bien es bastante básica, da una buena luz sobre el razonamiento que tienen las mujeres al momento de decir continuar en una relación abusiva. Y esta información es muy importante. Lejos de simplemente saciar nuestra curiosidad del porque sucede este fenómeno, no hay que dejar de lado su aplicabilidad. Muchos profesionales que tratan casos de violencia de pareja (sea que se dediquen a ello o no) en ocasiones ven sus consejos infructíferos al ver que la mujer decide continuar en la relación o incluso regresar, lo que muchas veces se traduce en una disminución de la motivación para seguir con el caso en cuestión. Desde esta perspectiva que presenta Meyer, hay que tomar en cuenta las variables acosiadas a la decisión de permanecer en la relación, ya que en la medida de que los profesionales lo tomemos en cuenta, podremos brindar un servicio mejor con una mayor comprensión a apoyo. Y esto último no es poco, pues se ha encontrado que cuando las mujeres abusadas se sienten comprendidas y apoyadas (y no responsabilizadas por ser agredidas) mejor pronostico tendrá el caso, existirá una mayor probabilidad de que deje la relación, y de que se continúe con el tratamiento psicológico recomendado por el especialista.

Sin duda la información que proporciona Meyer es de gran utilidad. La cuestión es recordarla al momento de atender casos de violencia de pareja. Y por supuesto, también difundirla, pues no hay peor acción que hacer sentir a un mujer abusada culpable y responsabilizada de ser víctima de su agresión, y al difundirlo, ayudamos a cambiar la visión de que una mujer que se queda en la relación lo hace porque le gusta ser agredida.

P.D... Si quieren conocer las razones desde la perspectiva de una mujer víctima de violencia por su pareja, les recomiendo ver la TED-Talk de Leslie Morgan "Why domestic violence victims don't leave", donde explora desde su punto de vista, otras razones por las que las mujeres continúan en una relación violenta.


Referencias

ResearchBlogging.org

Meyer, S. (2012). Why women stay: A theoretical examination of rational choice and moral reasoning in the context of intimate partner violence Australian & New Zealand Journal of Criminology, 45 (2), 179-193 DOI: 10.1177/0004865812443677

sábado, 28 de febrero de 2015

Reeducar a los Hombres que Ejercen Violencia: ¿Realmente funciona?



La violencia hacia la mujer es una problemática social que afecta a mujeres alrededor de todo el mundo. Especialmente, la violencia hacia la pareja, suele ser una de sus manifestaciones con mayor frecuencia; sólo en México, en 2011, el 47% de las mujeres de 15 años y más sufrieron algún episodio de violencia por parte de su pareja (INEGI, 2013). Este problema está considerado como el principal obstáculo para lograr la igualdad de género, y su erradicación, sigue siendo uno de los desafíos más importantes de nuestra época.

Desde el surgimiento de la lucha por la disminución de la violencia hacia la mujer, los programas de prevención y atención estuvieron centrados en la víctima. Es recientemente, hace unos 10 años aproximadamente, que las miradas empezaron a enfocarse en el origen real del problema, en aquellos que ejercen las acciones violentas: lo hombres. A lo largo de todo este tiempo, se han desarrollado programas para su reeducación con diferentes enfoques, perspectivas y metodologías como una estrategia novedosa para la erradicación de las desigualdades de género, pero cuya efectividad, hasta el día de hoy, ha sido cuestionada.



Debido al estado de la efectividad de estas acciones, Espinosa, Giménez-Salinas, y Pérez (2013), realizaron una evaluación a un programa penitenciario  de reeducación de hombres condenados por violencia hacia la pareja aplicado en varios estados europeos. El estudio se realizó con un grupo experimental y un grupo control, la muestra experimental estuvo compuesta por 635 participantes y el grupo control por 135 personas. Se aplicaron alrededor de 10 instrumentos pre y post tratamiento que medían diferentes variables relacionadas a la violencia de pareja. Posteriormente, se realizó un análisis del grupo experimental por separado y fue comparado con los resultados del grupo control (se redujo la muestra experimental a un número proporcional y con características homogéneas al grupo control para su comparación).

Estos son las áreas con mejorías significativas del grupo experimental por separado (efectividad del programa).
  1. Atribución de responsabilidad. Los resultados indicaron niveles significativos de cambios después del tratamiento en el sentido de un mayor reconocimiento del delito y de la propia responsabilidad en el mismo.
  2. Sistema de creencias. Los participantes mostraron significativamente menos pensamientos sexistas. Se observaron cambios en la disminución de los pensamientos y las manifestaciones hostiles sobre la supuesta inferioridad de la mujer. Así mismo, los celos patológicos mostraron una clara disminución.
  3. Abuso emocional. Los análisis mostraron una disminución significativa en el control excesivo, la indiferencia hostil y las estrategias de dominación e intimidación de los hombres sobre la pareja.
  4. Resolución de conflictos. Los hombres que participaron en el programa aumentaron significativamente sus estrategias de negociación al resolver conflictos de pareja y disminuyeron sus estrategias de agresión psicológica y lesiones.
  5. Ira. Los datos mostraron que los hombres exteriorizan menos su ira y son capaces de controlarla en mayor medida y por consiguiente, la expresan de forma menos hostil hacia los demás.
  6. Personalidad. Los hombres del programa mostraron significativamente menor impulsividad y temeridad y una mayor empatía.

Estos resultados sobre la efectividad del programa fueron complementados con el análisis de la comparación entre el grupo experimental y el grupo control, para comprobar que los resultados anteriores no se debieron al azar y sí, por el tratamiento. Se encontró una relación significativa con las siguientes variables.
  1. Atribución de la responsabilidad
  2. Sistema de creencias sexistas.
  3. Impulsividad

Adicionalmente se encontraron diferencias (aunque no estadísticamente significativas) es las variables de abuso emocional y control y expresión de la ira.

En conclusión, se puede observar que los programas de reeducación de hombres que ejercen violencia hacia su pareja pueden ser significativamente eficaces, siempre que se realice con una metodología sistematizada.

Otro de los aciertos de este tipo de programas es que inciden sobre variables importantes para la disminución de la violencia de género, esto es, sobre la atribución de la responsabilidad y la reestructuración de los sistemas de creencias hegemónicas sobre la masculinidad y feminidad. Una de las principales consideraciones en el trabajo con hombres es que este, debe tener el objetivo de lograr que los hombres se responsabilicen de su ejercicio de violencia, ya que  se considera que la violencia de género (y por tanto, hacia la pareja),  no  son  una  “enfermedad”  o  una  cuestión  del  “ser”  de  los  hombres, sino  que  es  una  cuestión  del  “hacer”. Si  se  considerara  la  violencia  de género como una enfermedad o trastorno mental, los hombres  no  serían  responsables  de  ejercer  violencia,  pues lo  sería  debido  a   su condición, algo sobre lo que no pueden controlar.  Existen diversos estudios que avalan que la violencia es aprendida, por lo tanto es algo que pueda desaprenderse, de allí que el trabajo se  base en reeducar a los hombres y en hacerlos responsables de sus acciones. Así mismo, el tema de la violencia  de pareja y de género  tienen  su  origen  en  la  construcción hegemónica de la masculinidad y feminidad, por lo tanto, la reeducación va en ese mismo sentido: en reestructurar su masculinidad

Este  trabajo  con hombres desde lo individual es importante, pero,  evidentemente,  es  insuficiente.  Es  necesario  que  los  sistemas  sociales,  políticos  y  económicos contemplen  cuestiones  de  género y que la política  pública  se incluya  la  prevención,  atención  y  erradicación  de  la  violencia  de  familiar, doméstica y de género como un eje importante. Solo así las acciones individuales tendrán una repercusión a nivel comunitario.

Referencias 

ResearchBlogging.orgRamírez, M., Giménez-Salinas Framís, A., & de Juan Espinosa, M. (2013). Evaluación de la eficacia del programa de tratamiento con agresores de pareja (PRIA) en la comunidad Psychosocial Intervention, 22 (2), 105-114 DOI: 10.5093/in2013a13

sábado, 7 de febrero de 2015

El lado oscuro de la Oxitocina: Cuando la hormona del amor lleva a la violencia de pareja

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La hormona del amor. Así es como popularmente se le conoce a la oxitocina. Una hormona ya conocida y estudiada desde hace poco más de 80 años. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas con respecto a la oxitocina. Si bien se cree que esta hormona es la responsable de muchas conductas prosociales y positivas (como el apego maternal o en las relaciones de pareja), esta también tiene su lado oscuro. Recientemente un artículo publicado en la revista Social Psychological and Personality Science determinó que existe una relación entre los niveles de oxitocina y la violencia de pareja (IPV por sus siglas en inglés).

Estudio científicos publicados sobre oxitocina, y sobre violencia de pareja (Fuente: Pubmed).

Y es que, como se muestra en la gráfica anterior, aunque cada vez sabemos más acerca de la oxitocina y de la violencia de pareja, hasta hace poco, era incierta la interacción entre ambos objetos de estudio. Por cierto, nótese como el estudio científico de la oxitocina comenzó cerca de los años 30, mientras que de la violencia de pareja no fue sino hasta la década de los 90 que comenzó a tomarse como un fenómeno digno de estudiarse por medio del método científico.

Ciertamente DeWall y sus colegas (2014) aportan mucho a la comprensión de la violencia de pareja, el rol de la oxitocina en los diversos comportamientos y por supuesto, la interacción entre ambos. Estos investigadores intentaron determinar el papel que juega la oxitocina en la predisposición de la violencia de pareja entre personas con y sin tendencias agresivas. Para ello, dividieron el grupo de participantes en dos grupos: uno que recibiría una dosis intranasal de oxitocina, y otro que recibiría una dosis intranasal de un placebo. Adicionalmente, determinaron cuáles participantes tenían una predisposición a la agresividad, así como su estatus de pareja. Posteriormente les hicieron hacer tareas que les generara estrés, para después medir su predisposición a realizar conductas propias de la violencia de pareja.


La predisposición a la agresión física interactúa con la oxitocina para predecir mayor uso de violencia de pareja.

El resultado obtenido, como se aprecia en la gráfica anterior, sugiere que los individuos que tienen una predisposición a ser agresivos, tienen una mayor propensión a realizar conductas propias de la violencia de pareja cuando sus niveles de oxitocina son elevados. La explicación de estos resultados es bastante sencilla. Tal como lo sugieren los autores, es posible que se deba a que los individuos agresivos, tienen entre su repertorio de conductas de afrontamiento, más conductas violentas que los no agresivos, y al sumarle una situación amenazadora (tarea estresante), más el efecto de la oxitocina (que busca conservar el lazo de apego con la pareja) resulta en la posible expresión de violencia hacía la pareja.

Sin duda los resultados nos hacen pensar en nuevos factores que no se habían contemplado antes en el estudio de la violencia de pareja (como sus correlatos neurobiológicos y hormonales), ni en el estudio de la oxitocina (como su relación con conductas agresivas y antisociales). Esperemos que pronto estos resultados puedan traducirse a nuevos tratamientos y modelos de prevención de la violencia de pareja (¿quizás terapias que busquen incidir en el lazo y apego de la pareja agresiva?). Sin duda es algo que necesitamos ¡Ya!, porque recuerden: según datos de la OCDE (2013), entre todos los países que la integran, México es el país con mayor porcentaje violencia de pareja (47% de las mujeres mexicanas afirman haber sido víctimas de violencia).


Resultados de la OCDE sobre violencia de pareja en los países que la integran.


Referencias:

 

ResearchBlogging.orgDeWall, C., Gillath, O., Pressman, S., Black, L., Bartz, J., Moskovitz, J., & Stetler, D. (2014). When the Love Hormone Leads to Violence: Oxytocin Increases Intimate Partner Violence Inclinations Among High Trait Aggressive People Social Psychological and Personality Science, 5 (6), 691-697 DOI: 10.1177/1948550613516876

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. (2013). How's Life? 2013: Measuring Well-being. OECD Publishing. doi:10.1787/9789264201392-en