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sábado, 16 de mayo de 2015

Del Poder Foucaultiano a la cárcel contemporánea (Parte 2)


El hecho de que nadie sea propietario absoluto del poder, de que éste sea transitorio y sumamente movible, de que el poder sea una relación estratégica compleja e intercambiable, no implica que no se deba precisar quien tiene el dominio, quien resiste, quiénes son los que hacen funcionar la maquinaria del poder y por cuanto tiempo.

Foucault subestima la importancia de los sujetos o instituciones que ejercen el poder y sobrevalora las prácticas y las estrategias del poder que condicionan la actuación de los individuos que se hacen cargo de su funcionamiento. Hay momentos y circunstancias históricas en donde la maquinaria de poder resulta ser inseparable de las personas e instituciones que la crearon y la manejan cotidianamente.

En este sentido, así como es necesario estudiar la tecnología de poder en su funcionamiento estratégico específico, también se debe de estudiar la correlación existente entre la maquinaria de poder, las instituciones y los individuos.

Microfísica


La comprensión del poder microfísico posibilita la construcción de un concepto amplio y profundo de revolución social. No es suficiente la toma de poder estatal, no solo hay que socializar la producción y terminar con la propiedad privada; la revolución necesariamente implica una transformación de los micropoderes diversos que constituyen la sociedad: la familia, la escuela, los hospitales, la iglesia, la cárcel.

Una de las aportaciones de Foucault es haberse dado cuenta de que la revolución social debería preocuparse por conocer, resistir y transformar las formas de dominio justamente en el lugar de las prácticas y dispositivos locales del poder, los cuales, constituyen los engranajes del funcionamiento general de la sociedad. Para combatir la dominación política es necesario analizar los mecanismos y dispositivos de control, exclusión, normalización y represión de los educandos, presos, enfermos, mujeres, niños, locos. En vez de copiar las estructuras antidemocráticas de la burocracia estatal, los movimientos revolucionarios deberían crear prácticas políticas totalmente diferentes a las tradicionales formas de dominación del Estado, y por lo tanto, tendrían que caracterizarse por la construcción de organismos esencialmente autogestivos y libertarios.

Macrofísica


Foucault nunca pierda de vista las relaciones estratégicas de poder entre la microfísica y la macrofísica. A través de la correlación de lo particular con lo general y de una metodología que transita de abajo hacia arriba, hace la conexión de microfísica y macrofísica. Así si se comprende adecuadamente la interrelación de microfísica y macrofísica, estaremos en la capacidad de entender el planteamiento foucaultiano de que el poder no es una institución, ni una estructura, ni tampoco la capacidad de alguien, sino que es una estrategia compleja de prácticas de dominación en una sociedad determinada.

Poder, saber y verdad


El poder y el saber se encuentran vinculados dialécticamente: cualquier forma de poder presupone un discurso que legitima y reproduce las relaciones de dominio; así como toda acumulación de saber implica la existencia de sujetos inmersos en un determinado campo de lucha y poder. La permanente articulación de poder y saber se evidencia desde el momento en que nos cercioramos de que el poder no sólo necesita de ciertas formas de saber, sino que además, el mismo poder “crea objetos de saber, los hace emerger, acumula informaciones, las utiliza. No puede comprenderse nada del saber económico si no se sabe cómo se ejercía, en su cotidianeidad, el poder y el poder económico.

El poder se ejerce, afirma Foucault, mediante la producción de discursos que se auto constituyen en verdades incuestionables. El discurso por ello, pasa a ser en realidad una forma específica de poder. La verdad se vuelve ley gracias al poder, pero el poder subsiste y se reproduce debido a que existe un saber que se erige socialmente como verdad.

Así el binomio saber y poder crea, en toda sociedad, una “política general de verdad”, la cual se encarga de distinguir los enunciados falsos de los verdaderos, de sancionar los discursos alternativos, y de definir las técnicas y procedimientos adecuados para la obtención de la verdad que interesa al poder.

El saber dice Foucault, no se limita a ser fuente de justificación ideológica de los poderes existentes, sino que actúa de otras muchas maneras: produce un conjunto de mecanismos efectivos de formación y acumulación de saber, crea métodos de observación, técnicas de registro, procedimientos de indagación y aparatos de verificación.

Lo que preocupa al autor es llegar a comprender como los hombres se gobiernan a sí mismos y a sus semejantes mediante la producción de discursos que se instituyen como verdades científicas.

Poder disciplinario


Para analiza el problema del poder se requiere la confrontación con la forma de poder precedente, este a diferencia del poder disciplinario, característico del capitalismo como forma histórico-concreta, en la Edad Media se manifiesta una relación de poder fundamentalmente ligada al control y a la propiedad de la tierra y sus productos (Foucault, 1980). El poder no se finca en el control disciplinario, sino en la presencia de la soberanía, la alcurnia, el rango y la heroicidad en tanto que valores sociales y culturales prestablecidos e incuestionables.

Durante los siglos XVII y XVIII se inventa una nueva tecnología de poder: la disciplina capitalista con sus tácticas y estrategias específicas de control. Esta moderna mecánica del dominio prioriza el sometimiento de los cuerpos y las almas de los individuos, en tanto que medio de explotación del tiempo de trabajo utilizado en la producción de mercancías, sobre la posesión de la tierra y sus productos como se acostumbraba en el feudalismo.

La disciplina capitalista implica una aceptación por parte de los dominados de toda una compacta cuadriculación de obligaciones y responsabilidades laborales fijadas contractualmente, más que el sometimiento al poder del soberano o a la costumbre heredada por los lazos de consanguinidad.

La disciplina surge entonces como esa necesidad históricamente especifica de garantizar la producción capitalista en ascenso. Se hace necesario correlacionar la nueva cultura liberal con el proceso de acumulación capitalista. Había que introducir la disciplina en tanto que fuente creadora de comportamientos reglamentados en la familia, la escuela y todas las instituciones sociales, como única forma de poder modelar una específica conducta tecnocrática y sumisa de los obreros en las fábricas y de los individuos en la sociedad.

Poder panóptico


La tecnología de la disciplina capitalista adquiere un cuerpo y una denominación precisa con la imagen del panótico de Jeremías Bentham. El panóptico es una máquina de poder en donde existe un inmenso edificio circular que tiene en su centro una torre repleta de pequeñas ventanas, desde donde es posible contemplar en su totalidad las habitaciones que se encuentran a lo largo del edificio periférico, las cuales poseen enormes ventanales en dirección a la torre de vigilancia. Puede considerarse que el panóptico es la metáfora por excelencia de lo Foucault entiende por poder disciplinario. El estado, la policía, la burocracia, el poder en los monopolios, la familia, la escuela, funcionan como grandes panópticos de control y fiscalización cotidiana ejercidos por parte de los que detentan el poder sobre aquellos que lo sufren. El panóptico se vuelve la concretización en instituciones de la disciplina capitalista.

Lo esencial de la disciplina panóptica es la distribución de los cuerpos, las superficies, las miradas, la vigilancia, la inexistencia de espacios privados; lo importante es terminar con la peligrosa intimidad de la vida de los detenidos.



Poder carcelario a modo de conclusión


Una de las preocupaciones fundamentales del sistema carcelario es la de lograr el sometimiento del cuerpo de los sujetos sociales. El cuerpo forma parte de un espacio económico y político. El cuerpo se convierte en maquinaria útil de trabajo una vez que ha sido sometido y reeducado mediante la disciplina. La celda pasa a ser una solución ideal como técnica disciplinaria: priva de la libertad a los presos, los somete físicamente mediante el racionamiento de la alimentación, la prohibición de la sexualidad, la represión, la tortura y la exclusión.

La disciplinarización del cuerpo no es suficiente si no va acompañada del sometimiento importantísimo de las almas de los presos. En este sentido, la prisión también debe de preocuparse por reeducar y reconducir adecuadamente los espíritus encarcelados.

El ejemplo de cárcel como espacio reglamentado donde se castiga, educa y corrige a los individuos asociales, serpa posteriormente generalizado a todas las instituciones sociales. La intención es la misma: crear una alma y un cuerpo modernos, absolutamente disciplinados, en la familia, la escuela, el hospital, el ejército, la iglesia, la fábrica, es decir, en el conjunto de la sociedad civil, con miras a obtener un dócil y eficaz comportamiento de los hombres y mujeres en la producción económica y en la actividad política.

El actual sistema carcelario se ha propuesto juzgar y reeducar a los delincuentes utilizando para ello el sometimiento del cuerpo y el castigo del espíritu. Controlar y manipular el soma y la subjetividad de los detenidos ha pasado a conformar la médula del poder político contemporáneo. No existe mejor camino para la dominación política racional y total, que la presencia de un cuerpo disciplinado dispuesto a obedecer tanto en la guerra como en la producción económica, y la existencia de un alma sometida y manipulada de acuerdo con las necesidades de consenso que requiere la élite gobernante para dirigir la compleja maquinaria del poder disciplinario.

La prisión en tanto es indudablemente, un requisito indispensable para el funcionamiento adecuado de la sociedad actual. La normatividad surgida de ciertos valores y hábitos impuestos, del sometimiento del cuerpo y del alma de los individuos, de la vigilancia y la autovigilancia, de la culpabilización, discriminación y el castigo, ha conducido a la creación de una sofisticada tecnología de poder disciplinante, la cual ha sido adaptada y utilizada por el conjunto diverso de recintos sociales microfísicos con la intención de constituirse en el gran soporte del poder normalizador.

Paradójicamente la presencia de la disciplina como forma capitalista de poder es tan contundente y apabullante que no se aparece como si fuera un espectro intangible, que aunque no puede ser visto ni tocado ni olido, indudablemente está presente, deja sus huellas, y nos determina cotidianamente.

Referencias

ResearchBlogging.org
Bentham, J. (1982) Panóptico. Madrid: La Piqueta
Foucacult, M. (1980) Microfísica del poder, Madrid: La Piquieta
Foucault, M. (1980) Vigilar y Castigar, México: Siglo XXI

sábado, 9 de mayo de 2015

Del Poder Foucaultiano a la cárcel contemporánea (Parte I)


Todos hablamos del poder, lo invocamos o lo evocamos, lo musitamos o lo proferimos a gritos, lo silenciamos y lo deseamos, lo ejercemos y nos domina; sin embargo, nadie o casi nadie, puede decirnos con certeza Qué es y cómo funciona.

El poder lo padecemos cotidianamente aquí y allá, ahora y antes, mañana y siempre. Lo sufrimos, pero también lo practicamos; nos volvemos vitales cuando dominamos algo o a alguien, somos dominadores y estamos fatalmente dominados.

Así, el poder  se convierte en un mito y una realidad que se confunden. Configura una relación de actos y voluntades intangibles, espectrales, que circulan y se interiorizan en el individuo y la sociedad. El poder es lo malo: lo criticamos, pretendemos extinguirlo; pero también es lo bueno: anhelamos tomar el poder encarnado en el Estado, dominamos a la naturaleza para someterla a nuestro servicio, nos convertimos en autoridad paternal, científica, educadora o política, con la intención de controlar masas y a los individuos, para salvaguardar el orden social y con el objeto de garantizar la reproducción del modo de vida vigente.

Al poder también lo llevamos dentro: lo absorbemos desde la infancia, lo integramos en la escuela y lo explayamos sobre nosotros mismos y contra los otros a lo largo de la vida; en la producción económica, en la actuación política, en el arte, a la hora del ocio, y hasta en el sueño, siempre estamos sometidos, sometemos o planeamos como salir del sometimiento inventando “paraísos terrenales” que, finalmente, se vuelven nuevas formas del poder ejercido por unos sobre los otros.

Foucault es uno de los pocos teóricos sociales que conjuntan en su obra la conceptualización general abstracta de lo que se entiende por poder, con una serie de investigaciones históricas empíricas. Dicho autor se aleja de la tradicional producción teórica y sociológica que hegemoniza el saber en la universidad, mediante la original interrelación de una investigación erudita que utiliza un lenguaje sencillo. Crea un discurso que emana originalidad, que manifiesta el respeto por el detalle, por lo minúsculo, por lo específico y lo diverso, sin olvidarse  de la importante tarea de consolidar una concepción que, respetando las diferencias y discontinuidades de la realidad, enfoque con amplitud y riqueza, el fenómeno del poder.

La obra de Michel Foucault puede dividirse en tres grandes campos discursivos (Ceballos, 1994). El primer campo discursivo, que configura la visión arqueológica, esta fundamentalmente referido a las reglas internas de las formaciones discursivas. La segunda etapa se refiere a la predominancia de la visión genealógica, es decir, la preocupación de Foucault por comprender las tácticas y estrategias que utiliza el poder. En lugar de explicar el discurso mediante conceptos como archivo, monumento, emergencia, utiliza un nuevo léxico: el de dispositivo, maquinaria, guerra, lucha.

El cambio de perspectiva teórica, de la arqueología a la genealogía y la modificación de la preocupación temática esencial, de la reglamentación del saber a partir de la formación de una episteme hacia la indagación de las técnicas y dispositivos del poder, tienen su probable explicación en tres acontecimientos importantes:

a) La experiencia de la manifestación política-contestaría de los estudiantes, obreros y grupos marginados durante Mayo de 1968.
b) El trabajo de Foucault con el Grupo de Información sobre las prisiones en el año de 1971 y por último,
c) La relectura sistemática de Nietzche, efectuada a fines de los años sesenta, lo cual propició el interés prioritario de Foucault por la voluntad de poder-saber a partir de la perspectiva genealógica.

La tercera modalidad del discurso de Foucault se produce en el transcurso de su propia investigación sobre la sexualidad, que temáticamente pertenece a la problemática del poder. Después de haber publicado el primer volumen de los seis libros programados, comienza a interesarse  por la subjetividad de los individuos ligándola a la ética. Entonces su preocupación se orienta hacia elaborar una ontología histórica sobre las técnicas del yo, las cuales, según él, convierten a los hombres en agentes morales.

Quizá lo más importante del discurso foucaultiano durante su etapa arqueológica sea la crítica de la concepción trascendental de la historia, la cual postula la existencia de un origen y un final de las cosas. Rechaza cualquier forma de teología y causalismo, renuncia  a los conceptos de devenir y progreso, y se aparta del planteamiento de la totalidad como ámbito central de actuación de un macro-sujeto racional. Quiere definir cuáles son las reglas, transformaciones y umbrales que proliferan los sistemas. Se opone,  a la noción unitaria y totalizantes de un discurso siempre lineal y en permanente desarrollo lógico.

La arqueología del saber es un método de análisis del discurso que investiga el conjunto de reglas generales, las cuales determinan las relaciones múltiples entre los enunciados que constituyen el saber de una época. El autor, analiza la compleja relación entre el mismo y su obra con el objeto de desmitificar la centralidad del sujeto, aunque son evidentes las aportaciones del método arqueológico en la crítica del sujeto trascendente, no se debe caer como lo hacen los estructuralistas en la crítica absoluta y radical del sujeto ontológico y epistemológico. Uno de los aspectos problemáticos de la tesis de Foucault es que jamás podrá hacerse un análisis completo del discurso si se prescinde de la relación autor-obra, sujeto-objeto del conocimiento.

Por lo tanto la crítica a la subjetividad no es de ninguna manera falsa,  más bien, es demasiado radical, pues se va al extremo opuesto: frente a la mistificación del sujeto epistemológico por parte de los historicistas, los estructuralistas subestiman su importancia como elemento indispensable en el proceso de creación y conocimiento de la realidad.

Durante los años 1969-1970 se da la transición metodológica de Foucault que va de la arqueología a la genealogía, en lugar de insistir en el viejo proyecto de hacer una historia arqueológica de las ciencias, se empieza a preocupar por la investigación de la relación genealógica del poder con el saber en tanto que fenómeno productor de verdad. La genealogía, el método utilizado en los textos foucaultianos que giran en torno del poder, se caracteriza por el establecimiento de una específica vinculación del saber erudito como el saber de la gente, entendido este último como forma de conocimiento local, regional, crítico y diferencial. Dicho método rechaza el saber científico totalizador que remite a cualquier conocimiento a un centro básico de explicación.

Entonces, ¿Qué es el poder? Según Foucault es una
“vasta tecnología que atraviesa al conjunto de relaciones sociales; una maquinaria que produce efectos de dominación a partir de un cierto tipo  de estrategias y tácticas específicas” (Foucault, 1980).
Aunque el poder transita horizontalmente, se convierte en actitudes, gestos, prácticas y produce efectos, no se encuentra localizado y fijado eternamente, no está nunca en manos o es propiedad de ciertos individuos, clases o instituciones. En su célebre diálogo con Deleuze, Foucault dice que:
“por todas partes en donde existe poder, este se ejerce. Nadie, hablando con propiedad, es el titular de él: y sin embargo, se ejerce siempre en una determinada dirección, con los unos de una parte y los otros de otra” (Foucault, citado en Bentham, 1982).
De acuerdo con esta lógica el poder se difunde cotidianamente mediante infinitos mecanismos y prácticas sociales, los cuales, al actuar, producen un conjunto de relaciones móviles que son asimétricas.

Con esta idea general de lo que es el poder desde la perspectiva de Foucault, en la siguiente parte de esta entrada, me enfocaré en explicar los tipos de poder que rigen en las instituciones, hasta llegar al poder carcelario analizado desde la perspectiva de este autor.

Referencias

ResearchBlogging.org
Foucacult, M. (1980). Microfísica del poder Madrid: La Piquieta
Foucault, M. (1980). Vigilar y Castigar. México:Siglo XXI

sábado, 28 de marzo de 2015

Violación y Relaciones de poder III: Conclusiones y mirada hacia un futuro de prevención

Nota del autor: Las conclusiones presentadas a continuación se derivan de un breve análisis del discurso en tres testimonios de víctimas de violación, para un mayor acercamiento al método y análisis de los testimonios, ponerse en contacto con la autora. 


La cultura mexicana en la actualidad responsabiliza a las mujeres de los actos cometidos por los hombres hacia ellas, haciéndose evidente la relación de poder en cualquier nivel del abuso sexual. Existen víctimas con mayor riesgo de sufrir violencia, como las mujeres jóvenes, aisladas socialmente, dependientes económica y emocionalmente de sus parejas desde edades tempranas o las mujeres consumidoras de drogas o frecuentadoras de ambientes marginales, con antecedentes de maltrato. . Existen situaciones específicas, como la ruptura reciente de pareja protagonizada por la mujer o las condiciones de un divorcio conflictivo en relación con el régimen económico o la custodia y el régimen de visitas de los hijos, que propician la aparición de conductas violentas. Sin embargo  estos no son los únicos factores determinantes para que una mujer tenga mayor probabilidad de ser víctima, es necesario que se conjunten varios factores, como características personales o de su rutina de vida,. Desde esta perspectiva, el único responsable de las conductas violentas hacia la mujer, es  el agresor (Echeburúa, 2010:135). 

Actualmente las prácticas jurídico-penales se encuentran  orientadas a la denuncia, al aislamiento y en último término, al encarcelamiento masivo y prolongado de maltratadores y violadores. Esto refleja que los modelos actuales de prevención, tienen se fundamenta en  el control de los fenómenos delictivos. Los autores consideran que dichas estrategias punitivistas resultan poco realistas e ineficaces. Pues pese al empleo intensivo de estas estrategias, no se ha  logrado reducir ni el número de asesinatos de mujeres o las tasas de denuncia por maltrato, ni las agresiones sexuales extra o intrafamiliares.

“Prevención, es un término desgastado, más por usarlo indebidamente y retóricamente, que por hacerlo realidad mediante acciones concretas” (Echeburúa, 2010:237).
Hacer prevención significa emprender actuaciones de diversos tipos (educativas, sociales, de ayuda social y económica, de mejora urbanística), que tengan como objetivo, y que logren  disminuir las agresiones contra las mujeres. Esto último es muy importante: las acciones preventivas no se identifican y se justifican por su mera intención, sino por sus resultados, que deben poder ser evaluados. 

Aunque es evidente que la variable del sexo condiciona la prevalencia de los delitos y de las conductas violentas, en realidad tanto en varones como en mujeres es pequeña la proporción de personas que llevan a cabo comportamientos violentos graves y reiterados. Lo anterior quiere decir que,  más allá del factor del sexo, son las características individuales las que finalmente condicionan el comportamiento violento delictivo.

Aunque la mayoría de los esfuerzos de prevención se han enfocado en las mujeres, enseñarles estrategias de autoprotección como  no salir solas y a defenderse, está prevención seguirá siendo inútil para eliminar la violencia sexual, pues las mujeres seguirán siendo responsables de un acto que es cometido contra ellas y no se realizan esfuerzos para que se modifique al generador de violencia, que en la mayoría de los casos es un hombre (Tzompantzi, 2007: 61).

La prevención debería estar encaminada a una constitución de los programas de prevención que integren las relaciones de poder como eje transversal de las acciones cometidas por los agresores sexuales. Actualmente, se les da tratamiento terapéutico para tratar de encontrar como se desato su “desviación sexual”, pero solo basta con mirar  los expedientes carcelarios y resulta evidente que no todos los violadores fueron víctimas de violación, de hecho muchos de ellos tenían una vida sexual dentro de los parámetros de la normalidad. Eran ciudadanos ejemplares, padres, esposos, hijos y tíos;, entonces, ¿Qué los llevó a cometer esos tipos de actos violentos en contra de otra u otras personas?. Es evidente que buscaban llenar algo que les hacía falta en sus vidas diarias, y la respuesta, bien pudo ser la necesidad de controlar y sentirse dueños de alguna situación o de que una persona hiciera lo que querían cuando ellos lo querían. 

Los esfuerzos de la prevención se consideran generalmente en términos de prevención primaria, secundaria y terciaria. La prevención primaria implica esfuerzos de reducir la incidencia de un problema entre una población antes de que ocurra. La meta de la prevención secundaria, ha sido identificar servicios que ayuden a reparar el daño causado por la violación sexual. La prevención terciaria implica tentativas de reducir al mínimo el curso del problema una vez se causó el daño, que en este caso implica la identificación de la violencia sexual, los perpetradores, del control del comportamiento y su efecto, castigo y o tratamiento para los autores, por lo tanto la prevención primaria está enfocada al trabajo con hombres, la secundaria a víctimas de la violación y la terciaria a perpetradores de violación. (Wolfe y Jaffe, 2002; Funk, 2006 citado por Tzompantzi, 2007: 62) 
Así  la prevención resulta efectiva cuando se usan una variedad de tácticas de manera conjunta. Teniendo en cuenta que  la prevención debe estar enfocada a parar la violación, esto solo es posible si se trabaja con hombres, pues el único factor de riesgo para ser victimario sexual es ser hombre, tener un pene y ocuparlo como arma para controlar y dominar a una mujer (Funk, 2006 citado por Tzompantzi, 2007: 63).

Los principales mensajes epidemiológicos, señalan que  el mayor predictor para ser víctima de violación es la condición de ser mujer, mientras que el mayor predictor de ser perpetrador sexual es ser hombre, pertenecer a una cultura y/o subcultura que condona la violencia y denigra los roles femeninos. 

Desde el ámbito social, la prevención puede estar enfocada a la legislación, dado que está, es una forma de prevención dirigida a la población en conjunto. El encarcelamiento de los victimarios los mantiene fuera de las calles para evitar que sigan cometiendo violaciones, pero la pregunta más importante en la legislación contra la violación es si la sanción legal desalienta la violación sexual de los hombres no convictos. La certeza de castigo es efectiva para reducir la tasa del crimen, sin embargo, la severidad del castigo no lo es. El castigo está muy lejos de ser una solución para la violación. En términos de prevención, el castigo apoya la reforma legislativa y la política para ejercer su cumplimiento y proceso legal, de tal  forma  que se tenga la seguridad sobre el castigo a perpetradores y delitos sexuales. El cumplimiento riguroso de las sanciones legales en contra de la violación, mostraron un sentimiento público con respecto a lo inaceptable que es la violación y en consecuencia influirá sobre las normas de comportamiento. (Swift, 1985 citado por Tzompantzi, 2007: 63).

La legislación encaminada a codificar la igualdad de las mujeres y sus derechos en los ámbitos educativo, político y social, es solo una parte de las estrategias de prevención integral para eliminar la violación. Otra estrategia puede ser el desarrollo de capacidades, estas técnicas están diseñadas para prevenir ser víctima. Tiene potencial para reducir significativamente la incidencia de victimización en ciertas poblaciones huésped.
Luchar y oponerse es reclamar para sí el poder que la mujer tiene, es un acto que las mujeres deben reproducir en todos y cada uno de los círculos de la interacción social (Switf, 1985 citado por Tzompantzi, 2007: 63). 

Una propuesta para este plan de intervención, sería que se  elimine el plan de estudios y prácticas educativas sexistas, que promuevan la subordinación. La prevención de la violación requiere de la intervención en las escuelas para no reproducir el sistema de opresión contra las mujeres, así como una educación no estereotipadas.

Se debe tomar en cuenta que ninguna de las estrategias antes mencionadas tendrá el éxito deseado para evitar la violación si se hace por separado. La prevención de la violación requiere cambios simultáneos en las instituciones políticas, económicas, educativas y sociales, así como un cambio de cada uno de los sujetos pertenecientes a una cultura. 
Cómo cualquier otro problema social, la solución no solo depende los afectados, sino de toda la sociedad pues los problemas del otro son problemas nuestros; queda claro que comenzamos a ser éticos cuando nos responsabilizamos más por el otro que por nosotros mismos.

Referencias 

Echeburúa, E. y. (2010). ¿Porqué víctima es femenino y agresor masculino? La violencia contra la pareja y las agresiones sexuales. Madrid: Psicología Pirámide.

Tzompantzi, M. (2007). La opinión de los hombres con respecto al fenómeno de la violación sexual de las mujeres. (Tesis de Licenciatura) Universidad   Nacional Autónoma de México.

sábado, 21 de marzo de 2015

Violación y Relaciones de poder: la violación que deja de ser un acto sexual para convertirse en un acto de poder (II)


La violación teóricamente es considerada como:

“Cualquier hecho que sobrepase los límites corporales y psicológicos de la persona. Es una acción forzada en la cual hay penetración vaginal, anal u oral del pene o cualquier otro sustituto del mismo, con carencia de consentimiento. Este tipo de violencia da como resultado un rompimiento de equilibrio físico, emocional, social y sexual del individuo (González, 1997 citado en Tzompantzi, 2007: 16)”.

La violación es un producto de las expresiones de la sociedad sexista que conceptualiza a la mujer como un ser inferior, incapaz de llevar a cabo las actividades que el patriarcado ha definido para hombres y, por ello, se le concibe como objeto sexual y blanco de violencia.
Para analizar las causas y las razones de la violencia es importante tener en cuenta los tres elementos que la conforman el agresor, la víctimas y la relación entre ambos.

Según Groth y Birnbaum (1980, citados en Tzompantzi, 2007), se distinguen tres componentes motivacionales que se pueden encontrar en la violación:

1) La violación por ira: En este tipo de violación, la sexualidad se ha vuelto un medio para expresar y descargar sentimientos. El agresor no busca satisfacción sexual, busca lastimar, castigar y humillar a su víctima, y ve a la sexualidad como arma para cometer su crimen. (Groth y Birnbaum, 1980 citados en Tzompantzi, 2007: 18)

2) La violación por poder: Su principal característica es que, el poder parece ser el factor dominante que motiva al victimario. En estos asaltos, el intento del victimario no es lastimar a la víctima sino poseerla. La sexualidad se vuelve un medio de satisfacción para los sentimientos principales de insuficiencia y sirve para expresar poder, fuerza, control, autoridad e identidad. Existe una necesidad desesperante de parte del victimario para asegurarse a sí mismo sobre su capacidad como hombre, la violación le permite sentirse fuerte, poderoso y que tiene el control sobre alguien más (Groth y Birnbaum, 1980 citados en Tzompantzi, 2007:18).

3) La violación sádica: Aquí se encuentra que, tanto la sexualidad como la violencia están fusionadas en una experiencia psicológica conocida como sadismo. La violencia se vuelve erotizada, y el victimario encuentra la deliberada e intencionada violencia sexual intensamente excitante y gratificante. En algunos casos, el victimario es un individuo que no puede alcanzar una supuesta satisfacción a menos que su víctima se resista físicamente. En casos extremos, podría matar a su víctima y mutilar su cuerpo. (Groth y Birnbaum, 1980 citados en Tzompantzi, 2007: 19).

Como se observa,  en cualquiera de los tipos de violación mencionados, se encuentra inmiscuido el uso del poder como eje principal para someter y controlar. Tales comportamientos pueden adoptar cuatro modalidades básicas: las agresiones sexuales por desconocidos, las que cometen algunos individuos sobre víctimas a las que conocen, las que se producen en el marco de relación de pareja (matrimonios, parejas de hecho, novios) y las agresiones sexuales realizadas en grupo.

Las diferencias entre las modalidades antes mencionadas pueden resumirse de la siguiente manera: “1) marco relacional o de interacción en que se produce la agresión ( si existen o no conocimiento y relación previas entre la víctima y el agresor); 2) la gravedad que puede tener para la víctima de una u otra modalidad de agresión, y 3) la etiología  de cada tipo de agresión sexual y el nivel de riesgo de futuras agresiones en función de las diversas categorías mencionadas  (Echeburúa, 2010: 123).

La violación sexual por un conocido, guarda relación directa con los roles de género en la sociedad patriarcal, pues las normas de género para las mujeres incluyen sumisión, respeto a la autoridad masculina, dependencia, virginidad y fidelidad; en tanto que para los hombres, las normas se relacionan con el poder, control e interdependencia, no mostrar emociones, correr riesgos, recurrir a la violencia para resolver conflictos, iniciar la actividad sexual y tener relaciones con varias personas. (Schuller, 2005 citado en Tzompantzi, 2007: 21).


La agresión en el contexto de las relaciones de pareja viene condicionada y fenomenológicamente definida por la existencia de una previa relación de intimidad entre el agresor y la víctima (Echeburúa, 2010: 139). Las agresiones sexuales en grupo se tratan de un fenómeno prioritariamente urbano y correspondería a una de cada tres agresiones sexuales juveniles denunciadas. El porcentaje de episodios en que se consuma la violación cuando se trata de una agresión grupal es claramente superior (más del 80% de los casos) que cuando se trata de agresores aislados (en que la agresión se completa en torno al 50 % de las ocasiones)” (Echeburúa, 2010: 140-141).

Las relaciones de poder en el delito de Violación

“La violación no es un acto sexual sino un acto de poder, de dominación” (Pérez, 2002). Desde  hace varios años atrás, la historia oficial la escriben los que tienen el poder y generan explicación de la realidad basada en su posición dominante, de esta forma, los hombres han escrito sobre las mujeres, los adultos sobre los niños, los pueblos ricos sobre los pobres, los opresores sobre los oprimidos;  en este sentido, la  opinión de quien no tiene poder suele ser silenciada. La historia de la agresiones sexuales es una historia de olvido y silencio, de una realidad negada tanto individual como colectivamente.

Como ya mencioné, la mayoría de los agresores sexuales condenados son varones (alrededor del 90%) y tienen como víctimas principales a mujeres jóvenes. En todos estos casos existen  diferentes tipos de poder, así se puede hablar de un  poder real o personal, y otro tipo de poder, que denominaremos poder sobre algo este supuesto poder es característico de los maltratadores, pero nunca suelen tenerlo tanto como quisieran. (Jayne, 2002).

El poder supuesto consiste en ganar, en llevar la razón, en dominar sobre las personas, lugares y cosas (poder de control, poder político, poder social). El poder personal  es aquel que permite tomar decisiones y emprender acciones sin culpar a los demás y sin hacerlos responsables de nuestros actos, Jayne (2002) propone que la violencia es la última expresión de poder. El poder se refleja en el uso del lenguaje, quizá sea un simple capricho de este pero está ya establecido en el pensamiento general que el agresor es masculino y víctima femenino, y más curioso aún, es que el término agresor dispone de su forma femenina, sin embargo, el término víctima solo parece tener forma femenina.

La sexualidad es tomada como instrumento de poder e ira por parte de los hombres. Los hombres son los poseedores universales de las mujeres, ellos pueden y deben apropiarse sexualmente de las mujeres con el fin de demostrarse a sí mismos y a los otros hombres su virilidad. (González, 2001 citado en Tzompantzi, 2007).  Bobbio (1989) habla de una interpretación relacional del poder, en la cual, por poder se debe entender como una relación entre dos sujetos, en la cual el primero obtiene del segundo un comportamiento que de otra manera no habría realizado. Lo anterior bien podría ser una definición de la violación si agregáramos el componente sexual, es por esta razón que se habla de las relaciones de poder como parte fundamental del delito de violación.

De igual forma que Bobbio propone,  Haugaard (2010) y los seguidores de Weber, en especial Dahl y Lukes reafirman: el poder como dominación, en tanto que el «poder» constituye la capacidad de A para hacer que B haga algo que de otra forma no haría. El discurso del hombre que maltrata a las mujeres y las domina está direccionado hacia su propia persona. Continuamente piensa en cuanto poder tienen los demás en comparación con él y “convierte su deseo de poder en el motivo primario de su comportamiento ofensivo”  (Jayne, 2002).

Pero, ¿cómo son las relaciones de poder? Tras aseverar que más de una veintena de rasgos distintivos de la relación de poder pueden encontrarse en la literatura especializada, Jiménez (2006: p. 24) alude particularmente a seis:

1. Es una relación dialéctica.
2. Es una relación probabilística.
3. Es una relación de dependencia.
4. Es una relación asimétrica.
5. Es una relación condicionada por la situación.
6. Es una relación causal.

Cuando Jiménez (2006: 24) menciona que las relaciones de poder son relaciones dialécticas, hace referencia a que “entre A y B debe existir algún tipo de interdependencia, vínculo, conexión o interacción reales”. El mismo autor, realiza esta especificación con la finalidad de excluir la posibilidad de que existan relaciones de poder entre agentes “ultraterrenos” o sobrenaturales.

Ahora bien, la interacción en las relaciones de poder deben ser, de alguna forma, acciones realizadas por los actores que ejercen el poder “provoquen” acciones en otros sobre los cuales es ejercido. Esta idea se acerca mucho a la noción de causalidad.

Foucault crea una distinción entre las relaciones de poder y las meras relaciones físicas de coacción: “la esclavitud no es una relación de poder cuando la persona está encadenada, sino justamente cuando puede desplazarse y en última instancia escapar” (1988:16). Existe cierta discusión sobre si la condición asimétrica o desigual de las relaciones de poder es absoluta o relativa, y entre sí, es inmutable o transformable.

Para Jiménez (2006: 25), “entre A y B hay una relativa desigualdad, del tipo que fuere. Lo que no excluye que, pasado el tiempo, o en otro escenario diferente, sea B el que ocupe la posición de A y sea distinta esa asimetría”. Lo que nos remite a los casos en que se argumenta que una persona que fue víctima de violación o abuso sexual durante su infancia tiene una mayor probabilidad de convertirse en agresor sexual en la edad adulta.

Referencias

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