sábado, 18 de julio de 2015

Trastorno de Estrés Postraumático en Niños, Niñas y Adolescentes

  
En la entrada de hoy, expondré algunas ideas y datos sobre uno de los Trastornos que se presentan con mayor frecuencia en personas que han sido víctimas de un evento traumático, enfocándome en la población constituida por niños, niñas y adolescentes. Antes de comenzar, considero pertinente  hacernos algunas preguntas: ¿Puede un niño recordar eventos traumáticos? ¿Pueden tener secuelas de dichos eventos? ¿Podemos esperar los mismos comportamientos de un adulto en un niño que se sospecha tiene estrés postraumático? 

Las respuesta a las dos primeras preguntas es SI,  es posible que un niño que ha estado expuesto a un evento traumático (comisión de un delito, ser víctima de agresión, etc), presente secuelas relacionadas con el mismo, pues al igual que los adultos los eventos impactantes provocan alteraciones en sus condiciones de vida y estabilidad psíquica. Ahora bien, no por eso quiere decir que los síntomas serán igual que en un adulto, pues al encontrarse en una etapa de desarrollo diferente, los niños, niñas y adolescentes presentan rasgos particulares en los síntomas que pueden sugerir un trauma. 

El estudio del trauma psíquico se ha estudiado desde Freud hasta nuestra época, sin embargo su presencia en los manuales diagnósticos de enfermedades mentales no es tan antiguo. En el DSM-I existía la categoría de reacción general al estrés, que constituía una reacción a los combates o catástrofes civiles, las que podrían progresar a una reacción neurótica si éste persistiera. En el DSM-II se minimizan las reacciones traumáticas reduciéndolas a una reacción transitoria, lo que pronto fue considerado como insuficiente (Montt y Hermosilla, 2001).

Es hasta el DSM-III en 1980, que fue acuñado oficialmente el “Trastorno de Estrés-postraumático”, colocándolo dentro de los trastornos de ansiedad (Secretaría de Salud, 2011) y posteriormente en el DSM III-R, se sugirió que para diagnosticar este trastorno debía existir un estresor severo y que estuviera fuera del rango de la experiencia humana usual. En el DSM IV TR, no hubo gran variación en cuanto a lo establecido en la versión anterior (Montt y Hermosilla, 2001). Actualmente, el trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) en la quinta edición del DSM, se ha contemplado una nueva categoría denominada: “Trastornos Relacionados con Traumas y Factores de Estrés”, en la que se incluye el TEPT como parte de sus categorías (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013). 
Pero ¿Qué provoca el desarrollo de este trastorno? ¿Quiénes pueden ser más propenso al padecimiento?

Los teóricos han señalado que una experiencia que provoque un trauma psíquico y que genere un trastorno puede ser de gran escala, tales como desastres, guerras, terrorismo o, pueden situaciones  particulares de una comunidad o  vecindario, tales como el crimen, la violencia en la escuela y los accidentes de tránsito. Dentro del hogar también existen peligros: violencia doméstica y maltrato y abuso infantil. Así las experiencias traumáticas pueden caber dentro de varias categorías (National Child Traumatic Stress, 2004). 

Se estima que de un 50 a 90% de la población general ha estado expuesta a eventos traumáticos alguna vez en su vida. No obstante la mayoría  de los sujetos expuestos no desarrollaron TEP. A nivel mundial se estima que la prevalencia de este trastorno es del 8%, siendo mayor en sujetos expuestos a violencia sexual o a eventos relacionados con desastres naturales y es mayor en mujeres que en hombres (Usarno, Bell,  Eth, Friedman,Norwood, Pfefferbaum, Pynoos, Zatzick y  Benedek, 2010). En México los resultados de la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica reportan una prevalencia de 1.4% con la mayoría en mujeres. Por su parte, la Encuesta de Salud Mental Adolescente, estima una prevalencia mayor en la población de mujeres de 12 a 17 años (Benjet., Borger, Medina-Mora, Méndez, Fleiz, Rojas, y Cruz, 2009)


TEPT en niños, niñas y adolescentes 

Retomando el caso de los niños, niñas y adolescentes, de acuerdo a los últimos estudios, se revela  que las experiencias traumáticas afectan el cerebro, la mente y el comportamiento incluso de infantes muy pequeños ocasionándoles  reacciones similares a las que se manifiestan tanto en niños mayores como en adultos.(National Child Traumatic Stress, 2004). Por lo que las investigaciones realizadas sobre TEPT en niños han proliferado durante la última década, tanto por el desarrollo de técnicas que facilitan el diagnóstico, como por la progresiva exposición de niños a situaciones traumáticas tales como la criminalidad, la violencia doméstica y social (Montt y Hermosilla, 2001).

Se ha encontrado que las reacciones de los niños y de los adolescentes al estrés postraumático pueden caer en una escala entre leve y grave, pueden durar por pocos o por muchos años, y mejorarse de vez en cuando, pero sólo para empeorar en distintas ocasiones. Para entender estas diferencias hay que partir de la gravedad de la experiencia que tuvo el niño (National Child Traumatic Stress, 2004). 

Es posible que sientan “miedos recurrentes” y que el resultado sea que evadan  participar en actividades  que solían disfrutar. Especialmente los niños de edad escolar podrían pasar de un comportamiento tímido o retraído a una conducta inusualmente agresiva. Algunos niños se mueven intranquilos aunque estén dormidos y hablan en sueños; por lo tanto se despiertan cansados. El no poder descansar aunque duerman, puede interferir con su capacidad de concentración durante el día y hacer que no puedan prestar atención. Puede hacérseles difícil estudiar, porque están siempre en alerta, en espera de que algo suceda a su alrededor. (National Child Traumatic Stress, 2004). 

En relación a los síntomas que debe presentar una persona para cubrir los criterios diagnósticos, se encontró que los niños los presentan, con ligeras variaciones, estas son (Montt y Hermosilla, 2001):

  • Reexperimentación. En los niños se expresa en recuerdos recurrentes e intensos, los que suelen ser una imagen asociada a un escaso vocabulario, juegos repetitivos y la repetición del acontecimiento traumática como si el niño, niña o adolescente estuviera actuándola. Son frecuentes las pesadillas en las que se repite el recuerdo o aspectos encubiertos de éste, tales como la muerte, monstruos y catástrofes. Además, los niños pueden presentar estados disociativos en los que repiten el suceso a través de ensoñaciones diurnas y conductas repetitivas iguales o semejantes a aspectos de la situación traumática. No hay flash-back, presentan una intensificación de la sintomatología e hipersensibilidad frente a estímulos del medio que se asocia o simboliza el trauma. La reexperimentación puede desarrollarse después de un período de latencia de meses o años.
  • Evitación. Los esfuerzos del niño por evitar los pensamientos y sentimientos relacionados con el evento traumático tienden a manifestarse a través de la pérdida de habilidades recientemente adquiridas, regresiones, temor a la oscuridad, evitar conversar del suceso, eludir actividades en que aflore el recuerdo y una amnesia parcial o total, con alteraciones en la memorización y secuencia de los hechos.
  • Embotamiento afectivo o anestesia emocional. Se presenta como una disminución en los intereses, inhibición conductual, aislamiento, disminución de la capacidad para sentir emociones, y, especialmente, las asociadas a la intimidad o afectos positivos, así como sensación de un futuro desolador.
  • Hiper arousal. Se manifiestan en dificultades para conciliar el sueño y mantenerlo, hipervigilancia, facilitación de la respuesta de sobresalto, irritabilidad, dificultades de concentración o para terminar una tarea.
  • Manejo de la agresividad. En los casos más leves se observa mayor irritabilidad o temor a perder el control y, en los más graves, explosiones impredecibles o incapacidad para expresar sentimientos de rabia.

Como se ha señalado,  el TEPT puede ser diagnosticado en niños, en el DSM-V se señala que debe tenerse especial cuidado con los niños menores de seis años, mayores de seis años hasta la adolescencia y los adultos mayores, lo que concuerda con lo expresado anteriormente, pues en estas categorías de edad, los síntomas pueden ser confundidos con trastornos de ansiedad o puede cometerse el error de no explorarlos. Debe tenerse en cuenta que para realizar una valoración para este trastorno, es importante contemplar el tipo de evento que ocasionó el trauma, exposición al estímulo, la temporalidad, la gravedad de los síntomas y las afectaciones que ha tenido en el menor de edad afectado. De igual forma, es importante que el psicólogo o psiquiatra que valore al niño, niña o adolescente, tome en cuenta el curso de los síntomas, puede que estos aparezcan incluso seis meses o años después del incidente (Montt y Hermosilla, 2001; National Child Traumatic Stress, 2004; Secretaría de Salud, 2011). 

Lo anterior desmiente la creencia de que un niño, niñas o adolescente, “olvida”, “supera” o “no se ve afectado” por los eventos de su entorno que puede ser traumáticos. Nuestro deber como sociedad es apostar por medidas que eviten que esta población vulnerable, se vea expuesta a eventos que puedan dejar secuelas y traumas  que los acompañen en su desarrollo, sobre todo, cuando las condiciones que ocasionan el trauma, pueden ser prevenidas y evitadas. 

Referencias


ResearchBlogging.org
Asociación Americana de Psiquiatría (2013). Guía de consulta de los Criterios Diagnósticos del DSM-5. Estados Unidos: Arlington.

Benjet, C., Borger, G., Medina-Mora, ME., Méndez, E., Fleiz, C., Rojas, E. y Cruz, C. (2009). Diferencias de sexo en la prevalencia y severidad de trastornos psiquiátricos en adolescentes de la ciudad de México Salud Mental, 32 (2), 155-163.


Montt, M. y Hermosilla, W. (2001). Trastorno de Estrés Postraumático en Niños Revista Chilena de Neuro-Psiquiatría, 39 (2), 110-120.

National Child Traumatic Stress. (2004). Entendamos el estrés traumático infantil. Estados Unidos: National Center for Child Traumatic Stress. 

Secretaría de Salud. (2011). Diagnóstico y manejo del estrés postraumático. México. Recuperado de: www.cenetec.salud.gob.mx/interior/gpc.html.

Usarno, R.J., Bell, C., Eth, S., Friedman, M.,Norwood, A., Pfefferbaum, B., Pynoos, R., Zatzick, D. y Benedek, D. (2010). Practice Guideline for the treatment of patients with acute stress disorder and posttraumatic stress disorder. Estados Unidos: American Psychiatric Association.

sábado, 11 de julio de 2015

Prevención de la violencia en ámbitos escolares: directrices en Latinoamérica

Los adolescentes, hombres y mujeres, forman parte de la población, probablemente, más afectada por la violencia, tanto como víctima (abuso físico, sexual, verbal y psicológico, abandono y negligencia) o como agresores, incluidos a quienes participan en el crimen organizado y narcotráfico. 

En las últimas décadas, en América Latina, el tema de los niños, niñas y adolescentes que están involucrados con la violencia y la delincuencia, ha adquirido creciente relevancia en el debate público, en las agendas de los gobiernos y en los foros y las conferencias internacionales (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2009).  Se dice que a partir de la inclusión de los niños, niñas y adolescentes dentro de las políticas públicas de las naciones, ha sido un tema prioritario; sin embargo, considero que como la mayoría de las cosas, ha sido en respuesta a la presión de organismos internacionales de Derechos Humanos (al menos a México), que ha llevado a realizar ajustes legislativos y en política publica para “cumplir un requisito”. 

Por ejemplo, en México, los niños, niñas y adolescentes han visto mermado su desarrollo por múltiples factores. En nuestro país, la pobreza es uno de ellos, que si bien no es un factor determinante, si es uno relacionado con la delincuencia juvenil. La población infantil y adolescente , experimenta la pobreza en una proporción mayor que la población en general y que la población adulta. En el 2012, el 53.8 % de la población de 0 a 17 años se encontraba en situación de pobreza en México, es decir, 21.2 millones de menores de edad presentaban carencias en el ejercicio de al menos, uno de sus derechos sociales y vivían en hogares sin acceso a los recursos monetarios suficientes para adquirir los bienes y servicios requeridos por todos sus integrantes. A su vez, el 12.1 % de las niñas, niños y adolescentes se encontraban en situación de pobreza extrema ese año, lo que implica que 4.7 millones de ellos tenían carencias en el ejercicio de tres o más de sus derechos sociales y formaban parte de hogares con un ingreso insuficiente para satisfacer sus necesidades alimentarias (CONEVAL y UNICEF, 2013).

Con respecto a las estrategias que se implementan para la disminución de la violencia juvenil, se han realizado esfuerzos que son escasamente conocidos y dentro de ellos, pocos cuentan con un abordaje bien definido, que incluya, el registro adecuado de evidencias para definir cuáles son las estrategias que han logrado un impacto positivos en la prevención de la violencia que afecta a niños y adolescentes. 

El texto que les comparto hoy, fue elaborado por la Organización Panamericana de la Salud (2006)  y aborda el tema de la violencia en la  que participan niños, niñas y adolescentes, ya sea como víctimas o agresores, específicamente la que se desarrolla en el ámbito escolar. El documento brinda un recorrido desde la conceptualización de la adolescencia, el ámbito escolar y el objetivo de la prevención, el riesgo y la violencia. 

Hace una semblanza sobre el panorama latinoamericano para avanzar en el conocimiento de enfoques y experiencias, con la finalidad de aportar insumos a la discusión y elaboración de programas de intervención desde los ámbitos escolares. 

Esta información es útil desde el planteamiento de un marco conceptual y teórico amplio de la violencia en las escuelas y  de los adolescentes como víctimas y participantes del fenómeno. Considera enmarcar la prevención desde su evolución histórica para que sean entendidas las acciones aplicadas antes y ahora, como una forma de visibilizar la problemática de la violencia en las escuelas. Enriquece el hecho de que plantea ejemplos de cómo ha sido abordado el problema en diferentes países, y como en ellos han adecuado sus estrategias de acuerdo a sus necesidades y su forma de entender la problemática. 


Enfatizan la importancia de  realizar una correcta evaluación a los programas, colocando ejemplos de ello además de las evidencias que lo respaldan. Por último, plantea una serie de recomendaciones basadas en lo expuesto en el texto y en la evidencia de proyectos exitosos en el tema. Propone emprender cambios en el sistema educativo, en el fomento a la investigación, en la utilización de enfoques claros para abordar el problema, a los actores que participan en él, las diferentes estrategias desde las cuales se puede abordar el tema y trabajar en la creación de evidencias científicas de eficacia.

Los puntos que considero más importantes del texto son los siguientes:


Conclusiones 

Las investigaciones sobre violencia en las escuelas ponen de manifiesto 4 elementos importantes: a) las manifestaciones de la violencia en las escuelas tienen relación con dinámicas profundas de la comunidad social a la que pertenecen, b) los episodios de violencia en las escuelas no deben considerarse como eventos aislados o accidentales, c) las diversas manifestaciones de violencia en el contexto educativo ocurren con mucha frecuencia y d) la relación entre agresores y victimas es habitualmente muy extensa en el tiempo y muy estrecha en el espacio.

La violencia estructural es aquella que subyace en las instituciones culturales, económicas y sociales. Se expresa en la discriminación de sectores de la sociedad por edad, género, nivel socioeconómico, etnias, etc y facilita la existencia del autoritarismo, el terror, los abusos físicos y sexuales, la orfandad, etc. Este tipo de violencia también está inmersa en muchos casos donde se da la violencia escolar y podría ser analizada para observar su influencia en el fenómeno.

Un mismo factor puede considerar de riesgo o de protección en la medida que el adolescente haya desarrollado actitudes y destrezas de enfrentamiento. Así, habría que hacer la diferencia entre conductas de riesgo y conductas riesgosas. Las primeras comprometen aspectos del desarrollo psicosocial o de la supervivencia de personas jóvenes, que incluso pueden buscar el peligro en sí mismas. Las segundas son propias de los jóvenes que asumen cuotas de riesgo por las conductas que realizan, son conscientes de ellas y se pueden ver como parte del proceso de toma de decisiones en las condiciones que les ofrece la sociedad.  

También es importante considerar establecer puntos de partida y brindar información a quienes quieran investigar o intervenir en el tema, dejando evidencia de las estrategias que funcionan en el campo de la violencia en el ámbito escolar. Es necesario registrar y compartir las experiencias para no repetir los errores del pasado y acrecentar el conocimiento en el tema. 


Referencias

Krauskopf, D. (2006). Estado de arte de los programas de prevención de la violencia en ámbitos escolares. Organización Panamericana de la Salud: Washington. 

Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2009). Capítulo IV. Violencia juvenil y familiar en América Latina: agenda social y enfoques desde la inclusión. Panorama Social de América Latina. 171-207. 

Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social [CONEVAL] y UNICEF, (2013). Pobreza y derechos sociales de niños, niñas y adolescentes en México, 2010. Reporte Ejecutivo.

sábado, 4 de julio de 2015

Conductas Violentas y el Trastorno de Personalidad Narcisista con Rasgos Paranoides

El estudio de la violencia y la delincuencia ha sido abordado desde diversos enfoques, algunos de ellos, se enfocan en saber si existe una relación o no entre los factores de personalidad y las conductas violentas, incluyendo el delito, por lo que  diversos investigares se han centrado en tratar de identificar la relación entre estas variables.

Lo que se ha demostrado hasta el momento, es que  las personas con trastornos de personalidad no son necesariamente violentas (Bartol, 1991; Hollin, 1999 en Ortiz-Tallo, Fierro, Blanca, Cardenal y Sánchez, 2006).  Entonces ¿Cómo se relacionan los trastornos de personalidad con los hechos violentos? Para contestar la pregunta, es necesario que  los psicólogo encargados de evaluar a presuntos responsables de hechos violentos ( o delitos) contemplen y rastreen indicadores que permitan descartar o diagnosticar algún trastorno de personalidad, pues dichas características, servirán para comprender mejor las conductas violentas que pudo haber realizado la persona.. En este sentido cobra mayor importancia esta evaluación al centrarnos en un contexto s jurídico o forense, ya que es importante desmitificar el hecho de que, si un presunto responsable tiene un trastorno de personalidad, es casi seguro que haya sido él responsable del hecho delictivo. 

Con el objetivo de analizar el mito antes mencionado, en esta entrada, describiré las características del  Trastorno de Personalidad Narcisista con rasgos paranoides, haciendo hincapié en los componentes del trastorno que pueden relacionarse con conductas violentas, para ejemplificar que existen factores que pueden aumentar la probabilidad de que una persona con dicho trastorno pueda cometer actos violentos, pero lo anterior, no es necesariamente una regla.


Descripción del trastorno

La personalidad narcisista ha sido estudiada desde hace mucho desde diferentes enfoques. Sin embargo, el Trastorno de Personalidad Narcisista (TPN) fue introducido por Kohut en 1968 y desarrollado por Kernberg en 1975, siendo estos dos autores los que estudiaron a fondo la patología narcisista. Según sus investigaciones, los sujetos con trastorno narcisista de la personalidad se caracterizan por una excesiva absorción en sí mismos, ambición intensa, fantasías de grandiosidad, necesidad de ser admirados por sus cualidades y falta de empatía. Son sujetos que presentan sentimientos crónicos de aburrimiento, vacío e incertidumbre acerca de su identidad y en su relación con los demás se caracterizan por la explotación de los otros y sentimientos de envidia, defendiéndose contra tal envidia, mediante la devaluación, la omnipotencia y el control de los demás (Trechera, Millán Vásquez de la Torre y Fernández Morales, 2008).

Sus estudios y el interés de los psicólogos y psiquiatras por este trastorno, hacen que en 1980 la Asociación Americana de Psiquiatría, la incluya en su clasificación de enfermedades mentales. Así, aparece el trastorno narcisista de la personalidad como trastorno específico en el DSM-III (1980), el DSM-III-R (1987) y el DSM-IV (1994), incorporado al eje II en donde se describen los diversos trastornos de la personalidad (Trechera, Millán Vásquez de la Torre y Fernández Morales, 2008).
Con la publicación del DSM-V, se emitieron los nuevos criterios que deben tomar en cuenta los psicólogos y psiquiatras al momento de realizar su diagnóstico. En esta nueva edición del manual, el TPN se encuentra agrupado dentro de los Grupo B de los trastornos de personalidad, junto con la personalidad límite, antisocial e histriónica. El manual contempla que este trastorno se caracteriza por un patrón dominante de grandeza (en la fantasía o en el comportamiento), necesidad de admiración y falta de empatía, que comienza en las primeras etapas de la vida adulta y se presenta en diversos contextos, y que se manifiesta por cinco (o más) de los siguientes criterios (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013):

1. Tiene sentimientos de grandeza y prepotencia (p. ej., exagera sus logros y talentos, espera ser reconocido como superior sin contar con los correspondientes éxitos).

2. Está absorto en fantasías de éxito, poder, brillantez, belleza o amor ideal ilimitado.

3. Cree que es “especial” y único, y que sólo  puede relacionarse con otras personas (o instituciones) especiales o de alto estatus.

4. Tiene una necesidad excesiva de admiración.

5. Muestra un sentimiento de privilegio (es decir, expectativas no razonables de tratamiento especialmente favorable o de cumplimiento automático de sus expectativas).

6. Explota las relaciones interpersonales (es decir, se aprovecha de los demás para sus propios fines).

7. Carece de empatía: no está dispuesto a reconocer o a identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.

8. Con frecuencia envidia a los demás o cree que éstos sienten envidia de él.

9. Muestra comportamientos o actitudes arrogantes, de superioridad.

Según las investigaciones realizadas en torno a este trastorno, Kernber (2010) distingue tres niveles de gravedad:  

Nivel leve: estarían aquellos pacientes cuyos síntomas les permiten ser funcionales, presentando solamente problemas frente a las relaciones duraderas, ya sean profesionales o personales.

Nivel moderado: encuentran los casos cuyos síntomas son los clásicos del síndrome narcisista con las manifestaciones clínicas señaladas en el DSM-V. Pueden llegar a ser funcionales, pero sus síntomas complican su interacción y sus relaciones interpersonales. 

Nivel grave: son los pacientes que presentan síntomas próximos a personas con un funcionamiento límite. Además de las manifestaciones típicas del trastorno narcisista presentan falta de tolerancia a la ansiedad, falta de control de impulsos, déficit en sus capacidades sublimatorias, son personas con fracasos en su profesión y en el trabajo, así como en las relaciones de pareja duraderas. 

Ahora bien, la presencia de rasgos paranoides en una persona con TPN puede considerarse esperado, pues se ha demostrado que es posible la presencia de pensamientos y conductas que cumplan ambos criterios, sin embargo, al momento de diagnosticar, se debe tomar en cuenta aquellas pautas de personalidad que dominen en el individuo y que presenten una mayor prevalencia, intensidad, temporalidad y grado de afectación (Kernber, 2010). 

¿Cuándo se dice que una personalidad tiene ciertos rasgos? Esto pasa cuando existen indicadores que sugieren la presencia de un trastorno, sin embargo, no cumplen los criterios para tenerlo. Es decir, una persona con rasgos paranoides, puede presentar momentos aislados, detonados por eventos significativos, de desconfianza y suspicacia sobre las acciones de las personas que lo rodean, sin que tenga fundamentos; de igual forma presenta dudas injustificadas sobre la lealtad y confianza, de sus amigos y parejas, tendiendo a malinterpretar comentarios o acciones sin malicia que puede interpretar como ataques o envidia hacia su personal (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013). 

En cuanto a las expresiones de violencia asociado al TPN  y a los rasgos de personalidad paranoide, se sostiene que las personas con estos tipos de trastornos tienden a presentar ataques de ira intensa, asociada a sospechas o a la intolerancia a la frustración y el enfado intenso por recibir un trato diferente al esperado. Desde el punto de vista dimensional, los rasgos de la personalidad que más tienden a la violencia son la impulsividad, la regulación afectiva deficiente, el narcisismo y el paranoidismo. 

Tomando en cuenta que las personas con personalidad narcisistas tienen una necesidad de admiración, son arrogantes y sensibles hacia cualquier tipo de rechazo o desprecio y que son incapaces de reconocer los sentimientos ajenos, puede provocar que su soberbia, y su desmedido afán de notoriedad, provoquen reacciones violentas en respuesta a una herida en su ego, que habitualmente anteponen a las necesidades y derechos de los demás.  Las víctimas de los actos violentos de estas personas suelen ser conocidas, pues distintas facetas del narcisismo, como el autoritarismo y la explotación de los otros, están fuertemente relacionadas con la agresión. De igual forma, el TPN puede estar presente en los agresores en  distintos tipos de violencia de pareja y en ellos, está asociada a características paranoides (Stone, 2005; Russ, Shedler, Bradley y Westen, 2008; Logan, 2009).

En el caso de personas con rasgos de personalidad paranoide, por lo general suelen atribuir a los demás actitudes o intenciones hostiles, son desconfiados y suspicaces, hipersensibles a desprecios, con tendencia a atribuir intenciones aviesas, no olvidan un insulto y siempre están listos para la ira y el contraataque Se trata habitualmente de varones de 40-50 años, que se muestran conductas violentos contra personas conocidas de las que sospechan o por las que se sienten traicionados o cuyas acciones interpreta como un ataque. Su motivación puede estar fundamentalmente mediada por la venganza, el rencor, los sentimientos de humillación, la vergüenza o los celos. Las conducta violenta cometida habitualmente de forma solitaria y se justifican como acciones ineludible, en cumplimiento de un deber, y, por ello, ausencia de arrepentimiento, sin intentar huir. Por lo general  ocurren tras provocaciones mínimas (desaires reales o imaginarios) (Stone, 2005;  González-Guerrero, 2007; Novaco, 2010).

Discusión 

En este punto, cabe la pregunta ¿Son las personas con trastornos de personalidad más violentas que las que no tiene uno? Con base a lo expuesto anteriormente, puede decirse que la combinación de un TPN y de rasgos paranoides, podría incrementar el riesgo de conductas violentas (Nestor, 2002). Sin embargo, no todas las personas con trastornos de personalidad son violentas, aunque existe un mayor porcentaje de probabilidad que puedan cometer actos violentos en comparación con una persona que no tiene trastornos (Esbec y Echeburúa, 2010).  

En un estudio realizado en 2006, se encontró, que aun más importante que los trastornos de personalidad, las personas que tenían conductas antisociales, descontroladas y, con menor grado de flexibilidad ante situaciones cotidianas tienen más riesgo de cometer actos violentos, pero las circunstancias impredecibles y amenazantes, pueden hacer que incluso otras personas con patrones habituales de comportamiento considerados más flexibles y de mayor normalidad reaccionen de manera agresiva y violenta, además de que la presencia o consumo de drogas y el alcohol son factores predisponentes y desencadenantes para llevar a cabo los delitos (Ortiz-Tallo, Fierro, Blanca, Cardenal y Sánchez, 2006). 

Es por eso que al momento de evaluar a un presunto responsable, los psicólogos forenses y jurídicos deben tener claro que tipo de indicadores les ayudarán a entender mejor al evaluado y al delito que presuntamente cometió, pues es muy importante que las pruebas otorgadas en la pericial psicológica pueda brindar toda la información posible para que el juez y los abogados, comprendan que no por tener un trastorno de personalidad una persona es necesariamente culpable, pues deben contemplarse el contexto en el que se cometió el delito y otros factores que pudieran haberlo motivado.

 


Referencias 


ResearchBlogging.orgAsociación Americana de Psiquiatría (2013). Guía de consulta de los Criterios Diagnósticos del DSM-5. Arlington: Estados Unidos.

Esbec, E. y Echeburúa, E. (2010). Violencia y trastornos de la personalidad: implicaciones clínicas y forenses. Actas Esp Psiquiatr, 38 (5), 249-261

González-Guerrero, L. (2007). Características descriptivas de los delitos cometidos por sujetos con TP: motivaciones subyacentes, “modus operandi” y relaciones víctima-victimario Psicopat Clinic Leg Foren., 7, 19-39

Kernberg, O. (2010). Narcisistic Personality Disorder”. En Clarkin, J, Fonagy P y Gabbard, G. (2010). Psychodynamic Psychotherapy for Personality Disorders. A clinical handbook. 257-287. Arlington. American Psychiatric Publishing, Inc: Estados Unidos.

Logan, C. (2009). Narcissism. En M,McMurran y R. Howard (Eds.). (2009). Personality, personality disorder, and violence: An evidence based approach. 85-112. Wiley-Blackwell Publishing; Reino Unido

 Nestor, P. (2002). Mental disorders and violence. Am J Psychiatry. 159. Novaco, RW. (2010). Anger and psychopathology. En M. Potegal, G. Stemmler y C. Spielberger (Eds.). (2010). International handbook of anger. Constituent and concomitant biological, psychological, and social processes. 465-97. Springer: Estados Unidos.

Ortiz-Tallo, M., Fierro, A., Blanca, M., Cardenal, V. y Sánchez, L. (2006). Factores de personalidad y delitos violentos Psicothema. , 18 (3), 459-464

Russ, E., Shedler, J., Bradley, R. y Westen, D. (2008). Refining the construct of narcissistic personality disorder: Diagnostic criteria and subtypes. Am J Psychiatry. 165, 1473-81.

Stone, MH. (2005). Violence. En JM, Oldham, AE. Skodol y DS Bender (Eds.). (2005). Textbook of Personality Disorders. 477-492. American Psychiatric Publishing: Estados Unidos.

Trechera, J., Millán Vásquez de la Torre, G. y Fernández Morales, E (2008). Estudio empírico del Trastorno Narcisista de la Personalidad, (TNP) Acta Colombiana de Psicología, 11 (2), 25-36


sábado, 27 de junio de 2015

¿Porque las mujeres se quedan en una relación abusiva?



Una de las preguntas que nos hacemos típicamente cuando nos enteramos de un caso de violencia de pareja es "¿porque una mujer abusada decidiría quedarse con su pareja?" Aún incluso luego de que sus familiares, amigos y profesionales les aconsejan salir de la relación. Lamentablemente muchas veces la mayoría de la gente se hace esta pregunta con la idea subyacente de "¿porque les gusta ser abusadas?".

Esta misma pregunta se hizo Meyer (2012) a la cual dio un poco de luz en un interesante artículo publicado. Ella aborda esta pregunta desde la perspectiva de una toma de decisiones basada en el género. Esta perspectiva argumenta que hombres y mujeres tienen diferentes estilos cognitivos para su toma de decisiones. Mientras que los hombres toman decisiones basadas en el egocentrismo y beneficio propio, las mujeres tienden a tomar desiciones basadas en los beneficios que estas decisiones traerán hacia sus seres queridos cercanos (como por ejemplo, sus hijos). De antemano, esta perspectiva ya nos da un poco de idea de las posibles razones.

En una serie de entrevistas a profundidad realizadas a 29 mujeres que había sufrido de violencia de pareja (y que en el tiempo del estudio se encontraban separadas de su pareja), se encontraron al menos dos grandes razones: el impacto que tiene la decisión en los hijos, y la dependencia económica que se tiene de la pareja.

Con respecto al impacto que tiene la decisión en los hijos, Meyer comenta que muchas de las mujeres entrevistadas relatan como el percibir del riesgo en la relación les hace decidir si dejar o no ésta. Por ejemplo, cuando la mujer cree que aún tiene posibilidad para defender a sus hijos de su pareja agresora, tenderá a permanecer en la relación, sin embargo, en el momento en el que ella se percata de que su pareja no sólo representa un riesgo para ella, sino también para sus hijos, y que además ve cada más poder defender a sus hijos de la situación, tenderá a buscar la forma de salir de la relación con sus hijos y buscar ayuda,

Por otro lado, la dependencia económica también juega un papel muy importante. Meyer comenta que muchas mujeres permanecen en la relación, aun queriendo salir de ella, básicamente porque carecen de los recursos financieros suficientes para comenzar una nueva vida (o al menos una vida estable) para ella y sus hijos. Muchas mujeres relatan que aunque meses atrás ya habían decidido salir de relación, no lo hicieron porque no tenían sus documentos importantes con ella, y porque no contaban con el dinero suficiente para salir a vivir de forma independiente. Y no fue sino hasta que buscaron los medios para conseguir estas dos condiciones, que no se dio el paso final para dejar la relación.

La información proporcionada por el estudio de Meyer si bien es bastante básica, da una buena luz sobre el razonamiento que tienen las mujeres al momento de decir continuar en una relación abusiva. Y esta información es muy importante. Lejos de simplemente saciar nuestra curiosidad del porque sucede este fenómeno, no hay que dejar de lado su aplicabilidad. Muchos profesionales que tratan casos de violencia de pareja (sea que se dediquen a ello o no) en ocasiones ven sus consejos infructíferos al ver que la mujer decide continuar en la relación o incluso regresar, lo que muchas veces se traduce en una disminución de la motivación para seguir con el caso en cuestión. Desde esta perspectiva que presenta Meyer, hay que tomar en cuenta las variables acosiadas a la decisión de permanecer en la relación, ya que en la medida de que los profesionales lo tomemos en cuenta, podremos brindar un servicio mejor con una mayor comprensión a apoyo. Y esto último no es poco, pues se ha encontrado que cuando las mujeres abusadas se sienten comprendidas y apoyadas (y no responsabilizadas por ser agredidas) mejor pronostico tendrá el caso, existirá una mayor probabilidad de que deje la relación, y de que se continúe con el tratamiento psicológico recomendado por el especialista.

Sin duda la información que proporciona Meyer es de gran utilidad. La cuestión es recordarla al momento de atender casos de violencia de pareja. Y por supuesto, también difundirla, pues no hay peor acción que hacer sentir a un mujer abusada culpable y responsabilizada de ser víctima de su agresión, y al difundirlo, ayudamos a cambiar la visión de que una mujer que se queda en la relación lo hace porque le gusta ser agredida.

P.D... Si quieren conocer las razones desde la perspectiva de una mujer víctima de violencia por su pareja, les recomiendo ver la TED-Talk de Leslie Morgan "Why domestic violence victims don't leave", donde explora desde su punto de vista, otras razones por las que las mujeres continúan en una relación violenta.


Referencias

ResearchBlogging.org

Meyer, S. (2012). Why women stay: A theoretical examination of rational choice and moral reasoning in the context of intimate partner violence Australian & New Zealand Journal of Criminology, 45 (2), 179-193 DOI: 10.1177/0004865812443677

sábado, 13 de junio de 2015

La Psicología como Ciencia: Un recorrido por su desarrollo

La frase “psicología y ciencia” suele causar gran controversia, pues existen diversas posturas y opiniones sobre el valor que tiene la psicología como ciencia. Por lo que es conveniente, poder entender del tema y generar nuestra propia opinión, para esto es conveniente realizar un breve recorrido histórico de la psicología y de sus  características como ciencia.



Históricamente existen dos paradigmas contrarios sobre la consideración o no, de la psicología como ciencia;, por una parte, los que la consideran una ciencia es debido a su método científico, mientras que por otro lado, la postura de los positivistas tiende a desvalorizar a la psicología, por tratarse de una disciplina cuyo objeto de estudio es muy amplio y difícil de someter a una comprobación empírica.

Pero ¿Cuál ha sido el desarrollo histórico de la psicología? Y ¿cómo se percibe en diferentes regiones?.

Recordemos que el desarrollo de la psicología comienza en Estados Unidos con estudios sobre la inteligencia y el desarrollo intelectual de los niños, dando paso al auge de los psicoterapeutas, mismos que tuvieron que ganarse su lugar para ser diferenciados de los psiquiatras, como ocurre hasta la actualidad. En 1920, la psicología comenzaba a ejercerse por personas que no tenían formación en el área, dando origen a las malas prácticas y como consecuencia a los programas de certificación. De esta forma durante la segunda guerra mundial la psicología comienza a posicionarse en el área de reclutamiento y examinación de los soldados por personal certificado en el área. Al final de la guerra, la psicología comienza a involucrándose en el área escolar, laboral, clínica, generando competencia con otros profesionales y como consecuencia, los psicólogos tuvieron que delimitar las funciones de su profesión (Cautin, Freedheim y Deleon, 2012).

En contraste en América Latina ha sido más lento el  desarrollo, iniciando en la mitad del siglo pasado con los primeros programas de entrenamiento profesional en 1947 y 19848 (Ardilla 2004). Así el camino de la  psicología en América Latina se orienta la investigación de problemas relacionados con el desarrollo social, enfatizando en trabajos prácticos que solucionen problemas del contexto social del momento, de igual forma los psicólogos latinoamericanos buscan entender al hombre, describirlo, comprenderlo y explicarlo (Ardilla 2004).

Así en el siglo XX la investigación en América Latina se centró en la psicometría., en la actualidad el campo de investigación de la psicología es amplio, incluyendo las áreas menos tradicionales como psicología jurídica, psicología de la salud, psicología deportiva, psicología ecológica y ambiental, (Ardila, 2004).

Con este breve recuento, se observa como el desarrollo de la psicología ha ido a la par con el contexto histórico y cultural, ya que se observa la diferencia del desarrollo en Estados Unidos y América Latina, en cada uno atendido a necesidades propias del  contexto.

Partiendo de la idea que en la psicología se hace investigación, esta entraría dentro de la clasificación de las ciencias sociales, existiendo tres métodos principales para generar investigaciones: el método cuantitativo, cualitativo y mixto. Todos comparten los pasos básicos del método científico (Hernández Sampieri, Fernández-Collado, y Baptista Lucio, 2010; Lafuente Ibañez y Marin Egoscozábal, 2008), sin embargo, aquí surge la controversia, pues aunque cuenta con un método cientifico, el objeto de estudio en las ciencias sociales es el ser humano, e incluye factores subjetivos difíciles de investigar con el paradigma positivista, por lo que las ciencias sociales se han vinculado tradicionalmente con la metodología cualitativa (Ballesteros y García,1995).

Debido a lo anterior una forma de contribuir al desarrollo y fortalecimiento de la psicología como ciencia, es formar profesionales que sepan hacer investigación científica de forma adecuada, iniciando desde definir adecuadamente el objetivo y objeto de estudio para elegir la metodología adecuada. En este aspecto resulta importante la elección de la metodología, pues de esta forma se estaría contribuyendo a generar investigaciones de calidad que contribuyan al desarrollo de la psicología y a disminuir las malas prácticas.

Retomando la importancia del objeto de estudio de la psicología, resulta importante recalcar que al trabajar con personas en las investigaciones además de tener un sustento metodológico adecuado, deben regirse por principios éticos.

Tal como propone Sánchez Vázquez (2008), “El psicólogo al encontrarse en una relación asimétrica con las personas que atiende, es su responsabilidad el cuidado de esta relación, el psicólogo como profesional en el área debe equilibrar la relación con las personas que atiende siempre guiándose por el digno trato a las personas”. 



Para esta guía ética de la profesión, La American Psychological Association (2010), señala que los códigos éticos que rigen la actividad de los psicólogos, deben aplicarse en todo momento, en las actividades que forman parte de su rol científico, educativo y en el ejercicio profesional. 

En México cumpliendo con lo propuesto por la American Psychological Association, surge el Código ético del psicólogo, que tiene las  siguientes características: a)Garantizar la protección de los usuarios del servicio de psicólogos, b) vincular explícitamente las normas que prescriba con principios generales, c)apoyar a la mayoría de las áreas de aplicación de la psicología, d) ofrecer apoyo al psicólogo tanto en la toma de decisiones como para educar a terceros (Sociedad Mexicana de Psicología, 2009). 

Bajo la misma línea de ideas en Yucatán el Colegio de Psicólogos de Yucatán A.C  (2010) recomienda que la labor profesional del psicológo se rija por principios éticos como la honestidad, legitimidad y moralidad, siempre en beneficio de la sociedad y promoviendo valores que propicien una vida digna, justa e igualitaria.

Sin embargo, tal como se ha mencionado, la psicología se encuentra aún en una constante lucha por su reconocimiento y aun falta para lograr una verdadera  consolidasión en México, lo que se refleja en la falta de acuerdo para crear asociaciones de profesionales que se encarguen de vigilar que todos los profesionales en el área de la psicología cumplan con la certificación adecuada y sobre todo, que como parte de la formación profesional se promueva la importancia de regirse por un código ético, formando psicólogos que además de contar con una formación académica de calidad, cuenten con la formación personal adecuada para ofrecer un servicio de calidad y que beneficie a la sociedad.

Como conclusión, se debe tener en cuenta que es importante el método científico para la consolidación de la psicología y contribuir a las buenas prácticas. Así, la investigación en psicología además de ser útil para el desarrollo de nuevas teorías, es parte fundamental para la consolidación de la misma, pues es una forma de evidenciar que aunque no es una ciencia exacta, se puede hacer investigación con el sustento científico adecuado.

Sin embargo considero que cada profesional deberá formarse su propio criterio sobre la forma de abordar la psicología, siempre respaldándose con una metodología adecuada a las condiciones y contexto de su objeto de estudio. Por otra parte debe tenerse en cuenta que el desarrollar investigaciones para fortalecer a la psicología, deben tener siempre como eje rector los principios éticos, que aunque en la actualidad en México no existen mecanismos legales bien definidos y específicos para sancionar  la mala practica de los psicólogos , considero que las escuelas y universidades que forman a los futuros profesionales, deben ser una plataforma de utilidad para formación de profesionales éticos. Sobre todo, por que en psicología el objeto y sujeto de estudio siempre serán las personas. 

Referencias

ResearchBlogging.org

       American Psychological Association. (2010). Principios éticos de los psicólogos y código de conducta. Recuperado de http://www.proyectoetica.org/descargas/normativas_deontologicas/APA%202010.pdf.

Ardila, R. (2004). La Psicología Latinoamericana: El Primer Medio Siglo. Revista     Interamericana de Psicología, 38 (2), 317-322

Ballesteros, S., y García, B. (1995) El método de la psicología. En S. Ballesteros, y B., García (Eds.), Procesos psicológicos básicos (pp. 29-43). Madrid: Editorial Universitas.

Cautin, R., Freedheim, D. y Deleon, P. (2012). Psychology as a Profession. En B. Weiner,  Graham,  y  Naglieri, J. (Eds.), Handbook of Psychology, Volume One, History of Psychology (2nd Edition), (pp.). EEUU: Editorial Board.

Colegio De Psicólogos Del Estado De Yucatán, A.C. (2010). Código De Ética Profesional Del Psicólogo. Propuesta Preliminar. Yucatán, México. Recuperado de http://psicologosdeyucatan.org/pdf/informe/propuestacodigo.pdf 

Hernández Sampieri, R., Fernández-Collado, C. y Baptista Lucio, P. (2010). Metodología de la investigación (5ª Ed.). México: McGraw-Hill.  Cap. 1 y 5.

Lafuente Ibáñez, C., & Marín Egoscozábal, A. (2008). Metodologías de la investigación en las ciencias sociales: Fases, fuentes y selección de técnicas. Revista Escuela de Administración de Negocios, 64, 5-18

Sánchez Vázquez, M. (2008). Ética y profesión: la responsabilidad en términos de Prudencia responsable. El caso de la psicología. Fundamentos en Humanidades. Universidad Nacional de San Luis – Argentina., 17, 145-161


Sociedad Mexicana de Psicología. (2009). Código ético del psicológo. México: Trillas.


sábado, 6 de junio de 2015

¿Prevenir el consumo de alcohol previene la violencia?


Para la gente que está involucrada en la prevención de la violencia y la delincuencia el vínculo entre el alcohol y la violencia es bastante claro, generalmente lo damos por un hecho. Pero ¿Alguna vez nos hemos puesto a buscar información científicamente validada que confirme este vínculo? Si nunca lo han hecho, el día de hoy hablaré un poco sobre ello.

Ciertamente el vínculo entre el consumo (y abuso) del alcohol está relacionado con la violencia. De hecho, hace no mucho tiempo Sarah Roberts y sus colegas (2015) publicaron un jocoso artículo donde relacionaban ciertas marcas de bebidas alcohólicas con comportamientos violentos como peleas y lesiones. Mediante regresión logística, pudieron determinar cuáles marcas de bebidas alcohólicas hacían más propensos a sus consumidores de involucrarse en pelas físicas y lesiones. Se encontró por ejemplo, que marca Everclear 190 aumenta hasta 6.6 veces este riesgo, los Coñac Hennessy hasta 4.8 veces, Jack Daniels 3.7 veces, y Bacardi, Vodka Absolut en más de 2 veces. Incluso algunos investigadores creen que la relación entre el alcohol y la agresión es tan fuerte, que el mero hecho de pensar en el alcohol o estar expuesto a contenido relacionado a él puede aumentar la agresión. Ésta hipótesis fue abordada por Baptiste Subra y sus colaboradores (2010) en un par de estudios experimentales donde se concluyó que el mero hecho de pensar o estar expuesto a contenido relacionado con el alcohol efectivamente aumenta los pensamientos y actitudes pro-agresivas.

Y es que la relación entre el alcohol y la violencia va más allá de un simple problema a nivel individual, sino que su impacto a nivel social y comunitario también está bien establecido. Marie Crandall y su grupo de investigación (2015) encontró que existe una relación geográfica entre el alcohol y las peleas con armas de fuego en Chicago. Encontró que, que una gran presencia de establecimientos está altamente relacionada con los tiroteos, pero únicamente en barrios donde hay existencia situaciones adversas y vulnerabilidad, es decir, barrios pobres y marginados.

Si lo anterior pasa en Chicago, ¿Qué pasa en nuestra localidad donde hay zonas marcadamente marginadas? ¿Qué tanta prevalencia hay establecimientos que venden bebidas alcohólicas en esas zonas? Rápidamente, haciendo uso de las bases de datos del INEGI, hice un breve pero informativo análisis geográfico de los establecimientos que venden alcohol y el grado de marginación en la ciudad de Mérida. La primera variable la obtuve del Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas (DENUE) buscando establecimientos que venden alcohol, cerveza y licores al menudeo. La segunda variable, mediante el Sistema para la Consulta de Información Censal (SCINCE), donde en sus indicadores relativos provee el grado de marginación proporcionado por el CONAPO a nivel AGEB. Y tal como puede ver en la figura de abajo, pareciera  que en aquellas zonas donde hay más marginación (más rojo indica mayor marginación) existe una mayor concentración de establecimientos que venden bebidas alcohólicas. Y de hecho, se puede apreciar grandes índices de marginación y de establecimientos que venden bebidas alcohólicas en la zona sur de la ciudad. Igualmente, el oriente, lo que muchas académicos locales han llamado “el nuevo sur”, también tiene ambas variables.

Mapa 1. Relación espacial entre los establecimientos de venta de bebidas alcohólicas y la marginación en Mérida.

Entonces, si la relación entre el alcohol y la violencia está más que estudiada, y podemos observar que en nuestra localidad existen focos rojos donde interactúan la venta de bebidas alcohólicas y  la marginación, ¿Qué  podemos hacer al respecto? ¿Qué se ha hecho en otros lugares? ¿Cómo podemos prevenir la violencia a partir de prevenir el uso del alcohol? Nuevamente la ciencia tiene la respuesta: La Organización Mundial de la Salud publicó en 2012 un documento donde explora intervenciones basadas en evidencia científica para prevenir la  violencia, donde uno de sus ejes es precisamente ello: prevenir el uso del alcohol para prevenir la violencia. En ello, se discuten algunas aproximaciones que han demostrado ser exitosas:

Regular la disponibilidad del alcohol. Donde se abordan medidas para controlar la venta de alcohol, tales como el horario o el número de establecimientos. Ejemplo de ello es el caso de Brasil, donde se observó que el 60% de los asesinatos y el 45% de las quejas presentadas por violencia contra las mujeres se producían entre las 23:00 y 6:00 hrs. Y muchos de estos problemas ocurrían en zonas con altas concentraciones de establecimientos que vendían alcohol. En respuesta a ello, se implementó una ley donde se prohibía la venta de alcohol después de las 23:00 hrs. El resultado, analizado mediante análisis de series de tiempo, concluyó que los homicidios disminuyeron en un 44%.

Aumento del precio del alcohol. Donde el aumento del precio del alcohol restringe su uso. Y es que el precio del alcohol es un gran determinante en su adquisición. Algunos centavos podrían incidir en disminuir notablemente algunos tipos de violencia. Ejemplo de ello, es que durante 1992 y 1997 en Australia se aplicó un impuesto a la venta de bebidas alcohólicas. Posterior a la supresión del impuesto, los accidentes de tránsito, agresiones, suicidios, ahogamientos y caídas aumentaron considerablemente. Los estudios encontraron que el impuesto, disminuía el consumo nocivo de alcohol (especialmente en hombres) en un 36.6%.

Intervenciones comunitarias para mejorar los ambientes en los que se consume alcohol. Dónde incorporan una serie de medidas para movilizar recursos de la comunidad, promover la venta responsable al por menor, mejorar el confort y diseño de los establecimientos en los que se consume alcohol y aplicar estrictamente la legislación relativa al alcohol. En un exitoso programa llevado a cabo en Suecia, tanto autoridades nacionales, municipales y dueños de establecimientos que vendían bebidas alcohólicas formaron parte de un programa donde se capacitó a sus empleados, se agudizaron las normas para otorgar licencias, y se fomentó una mejor política en dichos establecimientos. El resultado, los delitos violentos disminuyeron en un 29% durante la aplicación del programa, lo que  supuso un ahorro de €39 por cada euro que se invirtió.



En síntesis, podemos observar que ya identificado el problema del consumo del alcohol y su relación con la violencia, podemos incidir en ésta última al prevenir el consumo y abuso del alcohol. Los programas exitosos sugieren que este enfoque debería ser considerado con muchísima más importancia de que se da en la actualidad en nuestro país. Los sistemas de otorgamiento de licencia para establecimientos que venden alcohol deben ser más rigurosos, y deben estar más regularizados para evitar disponer de zonas con altas concentraciones de estos comercios. Los programas de prevención de uso de sustancias en niños y jóvenes deben realizarse desde temprana edad, siguiendo modelos exitosos y bien fundamentados. Y finalmente, programas y  acciones como aplicaciones y cuentas de twitter que adviertan de retenes contra el uso de alcohol deberían ser igualmente sancionados, pues las autoridades no buscan hacer un daño con estos programas, sino prevenirlos. Así que en general, tenemos una gran tarea pendiente para prevenir la violencia, pero gracias a la ciencia, cada vez tenemos más y mejor información sobre cómo abordarlo. Así que si usted se dedica a la invaluable profesión de prevenir la violencia, en crear programas  de prevención, en educar a jóvenes o en hacer propuestas a algún político o diputado conocido, no dude en compartir la información que el día de hoy les compartí, pues no solo es una tarea pendiente, sino es una tarea que la ciencia nos dice que va a funcionar.

Referencias


ResearchBlogging.orgRoberts, S., Siegel, M., DeJong, W., Naimi, T., & Jernigan, D. (2015). Brand Preferences of Underage Drinkers Who Report Alcohol-Related Fights and Injuries Substance Use & Misuse, 50 (5), 619-929 DOI: 10.3109/10826084.2014.997392

Subra, B., Muller, D., Begue, L., Bushman, B., & Delmas, F. (2010). Automatic Effects of Alcohol and Aggressive Cues on Aggressive Thoughts and Behaviors Personality and Social Psychology Bulletin, 36 (8), 1052-1057 DOI: 10.1177/0146167210374725

Crandall, M., Kucybala, K., Behrens, J., Schwulst, S., & Esposito, T. (2015). Geographic association of liquor licenses and gunshot wounds in Chicago The American Journal of Surgery DOI: 10.1016/j.amjsurg.2014.09.043

Organización Mundial de la Salud. (2012). Prevención de la Violencia: La Evidencia. Texas: OMS.