sábado, 25 de abril de 2015

¿Qué le hace falta a los programas de prevención de violencia contra las mujeres?


“Si Eva hubiera escrito el Génesis, ¿Cómo sería la primera noche de amor del género humano? Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a nadie, y que Dios nunca le dijo que parirás con dolor y tu marido te dominará. Que todas esas historias son puras mentiras que Adán contó a la prensa”.
Eduardo Galeano (1998)
Q.E.P.D (1940-2015) 

Mi recomendación de esta semana, está inspirada en un capítulo titulado “Curso básico de racismo y machismo” del libro de Eduardo Galeano, “Patas Arriba, la Escuela del Mundo al Revés” en el cual el autor retrata de una manera realista y hasta con humor, (como sólo él sabía hacerlo), como a través de la historia en todo el mundo se ha instituido el machismo como una forma de someter a lo considerado débil genéticamente: las mujeres.

Por decir algunas cosas en la historia, las mujeres siempre han estado en desventaja en un mundo hecho por y para hombres. El martillo de las brujas, un manual sobre la inquisición escrito en 1546 dedicó una gran parte de sus páginas a justificar el castigo a las mujeres y su inferioridad biológica, de igual forma las únicas que eran perseguidas por brujería y mandadas a la horca eran mujeres. Así mismo, en la Biblia y en la mitología griega las mujeres siempre fueron maltratadas. Eva hizo que nos echarán del paraíso y Pandora destapó la caja que lleno al mundo de desgracias. Darwin reconoció algunas características en las hembras, como la intuición, pero detalló que eran virtudes características de las “razas inferiores”.

Eduardo Galeano (1998) sintetiza en un párrafo lo que es la violación sexual, que retomó para dar pie al texto que les recomiendo esta semana sobre la violencia sexual y la violencia infligida por la pareja contra las mujeres.  Galeano comenta:
“Y las violaciones, ¿No son acaso ritos que por la violencia celebran ese derecho? El violador no busca ni encuentra placer: necesita someter. La violación graba a fuego una marca de propiedad en el anca de la víctima, y es la expresión más brutal del carácter fálico del poder, desde siempre expresado por la flecha, la espada, el fusil, el cañón, el misil y otras erecciones. En México se viola a una mujer cada 9 minutos”. 

El texto de esta semana es un documento que habla sobre la prevención de la violencia sexual y la infligida por la pareja contra las mujeres, publicado por la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud (2011).

En efecto, se han hecho esfuerzos, sin embargo existen programas implementados para prevenir estos tipos de violencia carentes de evidencia científica que nos lleven a asegurar que han sido eficaces en la disminución de las conductas violentas hacia las mujeres.


El objetivo del documento es ofrecer datos de programas eficaces y efectivos de violencia infligida por la pareja y la violencia sexual, así como dar elementos para coadyuvar con los que toman decisiones en políticas públicas en la materia y para la justicia penal. Con ello, fortalecer el campo de prevención de estas formas de violencia para que se complementen los programas actuales de salud y de prevención social que puedan dar respuesta al problema.

Los autores brindan opciones de cómo fortalecer los programas de prevención brindando un marco teórico de referencia, basado en datos científicos poblacionales (epidemiología) y el enfoque de trabajo de salud pública que se basa en el modelo ecológico.

Con el análisis de algunos programas implementados en el mundo, hacen referencia a las elementos que hacen falta por observar en los programas (indicadores de evaluación) y como llevarlos a ser eficaces.

Considero que los siguientes puntos no deberían pasar por alto, según lo propuesto por los autores son:

  1. El documento enfatiza que es más conveniente que los programas de prevención se basen en evidencia científica, consideren implementarlos desde la prevención primaria, utilizando el enfoque de salud y el modelo ecológico para observar cómo operan los factores de riesgo y protección en el problema de la violencia infligida por la pareja y la violencia sexual. 
  2. Algunas de las perspectivas que deben tomarse en cuenta en el desarrollo de estos programas son: la perspectiva de género, la de derechos humanos, la de justicia penal, la de salud pública y la perspectiva del ciclo vital. 
  3. El proceso que propone es el sistemático basado en evidencia, el cual se compone de las siguientes fases: definir el problema, investigar por qué ocurre el problema, explorar maneras de prevenir el problema y difundir la información. 


Conclusión 


En el texto se habla de las encuestas de victimización como herramientas útiles para recoger información directa de las víctimas, sin embargo, me hubiera gustado que el texto indagara en la forma de como enriquecer estas encuestas, ya que estoy de acuerdo en lo que menciona el documento sobre ello, en cuanto  que este tipo de técnicas son las más utilizadas: pero no debe olvidarse que se enfrentan a la deseabilidad social del entrevistado y a las bajas tasas de revelación, lo cual puede sugerir que los resultados no siempre son fiables, pero hasta el momento no se menciona que otra forma de recolección de datos podría disminuir la problemática anterior o de que otra forma se podría realizar.

Considero que deberíamos potencializar la utilidad de los registros administrativos del sector salud, es decir, sistematizar la información brindada por aquellas mujeres atendidas en las clínicas, centros de salud, hospitales que llegan con evidencia de haber sido violentadas física, psicológica o sexualmente y que muchas de estas mujeres no proceden a denunciar estos problemas y por lo tanto se acrecienta la cifra negra y que nos lleva a no confiar plenamente en las estadísticas judiciales al respecto.

El texto en cuestión, propone la consideración de los factores sociales y culturales para la elaboración de los programas, entre ellos las relaciones de poder, las construcciones jerárquicas de la masculinidad y la desigualdad estructural de género.

Considera la perspectiva del ciclo vital como una forma de indagar en los factores de riesgo y protección asociados al problema, que como plantea el texto suelen ser diferentes en cada etapa de desarrollo, enfocándose a prevenir desde las edades más tempranas. De igual forma, se hace énfasis en poner esfuerzos en mecanismos válidos y confiables de evaluación de los programas, con el objetivo de ofrecer evidencia científica sobre la disminución de las conductas violentas hacia las mujeres para próximos programas y con ello fortalecer las bases de datos científicos sobre el problema.

Finalmente, debemos dejar de considerar la implementación de estrategias que aunque bien intencionadas, carecen de elementos de efectividad como lo es, la ausencia de marcos teóricos de referencia, de datos solidos sobre los que justifiquen el problema, sin evaluación y sin relación con la educación sobre la equidad de género.


Referencias

ResearchBlogging.orgButchart, A., García-Moreno, C., & Mikton, C. (2011). Prevención de la violencia sexual y violencia infligida por la pareja contra las mujeres. Organización Panamericana de Salud y Organización Mundial de la Salud: Washington.

Galeano, E. (1998). Patas arriba: la Escuela del mundo al revés. 10ª reimpresión. Siglo XXI Editores: México. 

sábado, 18 de abril de 2015

La discriminación en Yucatán: Una radiografía

En Enero del presente año (2015), la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán emitió una edición especial con los resultados de la Encuesta Estatal sobre Discriminación, la cual es la primera en su tipo en el estado. Se llevó a cabo en dos etapas: la primera en los municipios del interior del estado y la segunda en las colonias y comisarías de la ciudad.

La investigación tuvo como objetivo la medición de las nociones y percepciones de Derechos Humanos y Discriminación en el Estado. Para llevarla a cabo, se utilizó un cuestionario de 23 items, basado en el inventario de actitudes sociales de Eysenck. El instrumento se centró en buscar la percepción sobre la ausencia o presencia de discriminación contra grupos vulnerables. La encuesta fue aplicada a 627 personas en los municipios del interior del estado y a 264 en Mérida, incluidas sus comisarias.

Para finalidad de la encuesta, la discriminación se consideró como:

"Toda distinción, exclusión, restricción o preferencia que, por acción y omisión, con intención o sin ella, no sea objetiva, racional ni proporcional y tenga por objetivo o resultado obstaculizar, restringir, impedir, menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos y libertades, cuando se basa en uno o más de los siguientes motivos de origen étnico o nacional, sexo, color de piel, cultura, género, edad, discapacidades, la condición social, económica, salud o jurídica, religión, apariencia física, características genéticas, situación migratoria, embarazo, lengua o idioma, opiniones, preferencia sexual, identificación o filiación política, estado civil, situación familiar y responsabilidades penales, antecedentes penales o cualquier otro motivo" (Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán, 2015)

Entre los resultados más destacados de la encuesta, encontramos que la población Yucateca, percibe como alto el nivel de discriminación en el estado y que a su vez, este tipo de conductas y pensamientos han aumentado en los últimos 10 años, sin embargo, este es menor en comparación el resto de la república; resulta importante destacar, que son los mismos encuestados los que señalan al ciudadano como un agente capaz de realizar acciones para disminuir la discriminación.

Entre las principales características que reportan los yucatecos como factores de vulnerabilidad en las persona para ser víctima de discriminación, se encuentran:

  1. El color de la piel. Las personas con piel morena son percibidas como más discriminadas que las que tiene piel blanca. Según lo señalado en la encuesta, esta característica física, es uno de los factores más importantes para sufrir de discriminación. 
  2. Ser indígena y hablar maya, aunque en Yucatán, del 15% al 30% de la población de la entidad habla la maya como lengua materna (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2011). 
  3. Los yucatecos no consideran que se discrimine por ser extranjero, sin embargo, cuando se cuestiona sobre ser mexicano pero venir de otra ciudad, la diferencia entre aquellos que creen que existe discriminación y aquellos que dicen que no, es muy baja, lo que sugiere una tendencia a ser más abiertos a recibir personas que viene fuera del país, en comparación a aquellos que son nacionales. 
  4. Con relación a las mujeres, la mayoría de los encuestados señalo que el ser del sexo femenino es un motivo de discriminación, al igual que ser niña. 
  5. En relación con la edad, ser joven y ser un adulto mayor son otros de los motivos por el que las personas son discriminadas. 
  6. El ser ama de casa y trabajar en el hogar, son otro factor importante 
  7. La mayoría de las personas contestaron que ser homosexual o bisexual es motivo de discriminación, situación que ocupa el tercer lugar entre las condiciones que vulneran a las personas.  
  8. Otro motivo es ser una persona con discapacidad o tener VIH/SIDA. Esta última característica, ocupa el según lugar entre las principales condiciones que provocan discriminación. 
  9. Pertenecer a una subcultura juvenil y adoptar rasgos de vestimenta de dicho grupo. 
  10. Ser pobre, es otra condición de vida que los yucatecos perciben como factor que promueve la discriminación.
  11. Ser de una religión determinada, puede ser otro motivo para ser discriminado.


Tomando en cuenta lo señalado en esta encuesta y comparándolo con lo presentado en la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México realizada en 2011 por la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación (2011), ambas encuestas reflejan los mismos grupos vulnerables:

  1. Personas con orientaciones sexuales diferentes a la heterosexual.
  2. Pertenecientes a grupos étnicos. 
  3. Los jóvenes, sobre todos aquellos de escasos recursos o que presentan afiliaciones con subculturas juveniles plenamente identificables por su vestimenta. 
  4. Las minorías religiosas, sobre todo las diferentes a la católica que es predominante en el país.
  5. Mujeres, sobre todo en relación a las oportunidades de empleo y lo relacionado con la seguridad y violencia. De forma particular, las mujeres que son amas de casa; en ambas encuestas son percibidas como vulnerables pues la falta de un sueldo las hace más propensas a ser víctimas de discriminación y violencia. 
  6. Niños en situación de maltrato intrafamiliar o que sufren de acoso escolar. 
  7. Adultos mayores, que intentan buscar empleo después de los 60 años, pues sus ingresos son insuficientes para cubrir sus necesidades.
  8. En cuanto a la población que tiene alguna discapacidad, comparten con los adultos mayores la falta de oportunidades para encontrar un empleo que sustente sus gastos. 


Una de las diferencias más notables entre la Encuesta Estatal de Discriminación de Yucatán y la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, se presenta en la población migrante, pues los yucatecos señalan no percibir discriminación hacia ellos, sin embargo, en otros lugares del país esta percepción aumenta y se refleja en el desempleo y la dificultad para legalizar su estadía en el país.


Los datos emitidos en la Encuesta Estatal de Discriminación, no deben ser tomados solamente como números, pues cada yucateco debería tomar conciencia sobre sus propias conductas de discriminación, pues son un reflejo de la realidad cambiante que Yucatán está experimentando, en la que se percibe el incremento (aunque paulatino) de pensamientos y conductas que promueven la discriminación y en algunas ocasiones violencia contra grupos vulnerables. Este tipo de investigación, es un llamado a las autoridades, para invertir en la promoción de una cultura de aceptación, tolerancia y solidaridad entre los ciudadanos del estado, pues la convivencia y la cohesión social, son uno de los principales pivotes para mantener bajos los índices de inseguridad en la entidad.

Para finalizar, es importante reflexionar sobre lo señalado por la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación (2011):

“Necesitamos reconocer que México es un maravilloso rompecabezas en sudiversidad de etnias, de culturas, de edades, de formas de pensar, de expresarse, de creer, de aprender, de elegir y de amar. Y que el rompecabezas nacional estará incompleto si a alguien se le deja fuera; estará dañado si a una sola de sus piezas se le hiere en su dignidad”.

Por lo tanto, todos somos responsables de promover una sociedad en la que las diferencias no sean el foco de atención en temas de convivencia, por el contrario, deben ser nuestras similitudes las que nos motiven a trabajar como sociedad para lograr una sana convivencia y cultura de la paz en cada uno de los rincones de Yucatán y de México.

Referencias


ResearchBlogging.orgComisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán. (2015). Encuesta Estatal de Discriminación. Sentido Humano: Número Especial., 10-31

Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación. (2011). Encuesta Nacional Sobre Discriminación en México. Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación: México.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2011). Hablantes de lengua indígena en México. Recuperado de http://cuentame.inegi.org.mx/poblacion/lindigena.aspx?tema=P

sábado, 11 de abril de 2015

¿Porqué ocurre la Violencia Sexual?


La sexualidad humana ha sido objeto de estudio a lo largo de diferentes períodos históricos y a través de diversos enfoques como el biológico, social, cultural, psicológico, legal etc. Estas perspectivas coinciden en que la conducta sexual es tan variada como la cultura, los rasgos de personalidad y otros factores que definen la conducta del ser humano.

Tal como ocurre al  hablar de las conductas humanas,  para entenderlas deben tomarse en cuenta una serie de factores. No se llega a un acuerdo  con respecto a lo que es la “normalidad” y la “anormalidad”,  sin embargo, al hablar de conductas sexuales se llega a la conclusión que existen conductas  patológicas, mismas que se caracterizan por afectar el desarrollo social del individuo.

Existen otro tipo de conductas sexuales que pueden considerarse antisociales, estas  en ocasiones pueden convertirse en conductas delictivas penadas por la ley (Soria,  Hernandez, 1994). Cabe aclarar que no todas las conductas sexuales patológicas incluyen conductas antisociales, así como no todas las conductas antisociales son tipificadas como un delito.

Dentro de la diversidad de conductas sexuales consideradas como antisociales, se encuentra la violencia sexual.  En la definición de este término  se encuentran inmersos valores culturales, normas sociales, derechos humanos, roles de género, iniciativas legales y de delito, los cuales evolucionan con el tiempo. De acuerdo a las conclusiones del Informe Mundial sobre la violencia y la salud, en el informe sobre las perspectivas globales de la violencia sexual (Centro Nacional de Recursos sobre la violencia sexual, 2005), la violencia sexual se define como:

“Todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo (Jewkes, Sen y Garcia-Moreno, p. 161, 2002)”.

A nivel mundial, nacional, internacional y local la violencia sexual ha sido un tema prioritarios, generando así investigaciones y programas que ayudan a entender esta conducta, a prevenirla y a tratar de sobre llevar las consecuencias de las víctimas y victimarios.

La violencia sexual se considera de alto impacto, debido a las consecuencias en la víctima directa, los familiares y al mismo tiempo las consecuencias en el victimario, pues es una conducta que además de que puede ser penada por la ley, la sociedad también la juzga y etiqueta a ambos, a la víctima y el victimario.

Otro factor por el que resulta un tema prioritario es que la mayoría de las veces resulta difícil resarcir el daño ya que además de las consecuencias físicas, existen consecuencias psicológicas que son complicadas de sobrellevar.

En este sentido una de las metas principales con respecto a la violencia sexual es, conocer la motivación del victimario e incluso poder identificar características comunes en estos para poder prevenir estas conductas.
Para entender las motivaciones individuales la psicología se ha dado a la tarea de generar teorías explicativas desde diferentes enfoques, mismas que se abordarán a continuación.

Desde el enfoque tradicional de  la psicopatología, la violencia sexual se entiende como una desviación sexual. Desde este enfoque clásico clínico del agresor sexual, el objeto de estudio se centra en conocer al agresor y la necesidad de encontrar características intrapsiquicas individuales como determinantes de esta agresión (Soria,  Hernandez, 1994).

En cuanto a las teorías del comportamiento humano, estas proponen que en la violencia sexual existe un reforzamiento, sin embargo, su aportación más importante ha sido en cuanto al estudio científico de este comportamiento (Soria,  Hernandez, 1994). Al respecto los estudios actuales de índole transcultural, han demostrado la diversidad de conductas sexuales aunadas a la variedad de perspectivas y posturas respecto a estas desde el contexto de la diversidad cultural, como los rituales de paso, etc. (Soria,  Hernandez, 1994). Recalcando con esto la importancia de la contextualización cultural para entender la conducta sexual humana.

Desde las teorías psicologicas, se establece la diferencia entre los comportamiento “normales” y “anormales” o patológicos y explicando, las disfunciones sexuales para establecer su tratamiento (Ibáñez Peinado, 2012) . Esta perspectiva  se centran en el concepto propueso por Freud de libido (deseo, ganas). Freud toma este concepto de Albert Moll (fundador de la sexología moderna), reconociendo la dificultad de definir este concepto, asignandole una carácter cualitatitvo y cuantitativo definiendola como: “La energía considerada como una magnitud cuantitativa de las pulsiones que tienen relación con todo con lo que puede relacionarse con la palabra amor (Ibáñez Peinado, 2012)”.

En este sentido, desde la teoría psicoanálita la sexualidad hace referencia a  una serie de excitaciones y de actividades existentes desde la infancia, que producen un placer que no puede reducirse a la satisfacción de una necesidad fisiológica fundamental, si no que se encuentra relacionada también con el denominado amor sexual. (Ibáñez Peinado, 2012). Para entender las teorías explicativas  de la violencia sexual es necesario entender la sexualidad humana, tomando en cuenta factores del contexto histórico, social, individual y conductual. Las  teorías actuales coinciden en una explicación multicausal,  donde tienen que tomarse en cuenta varios factores para entender las conductas sexuales (Soria,  Hernandez, 1994).

El estudio de los factores que deben tomarse en cuenta para entender la sexualidad humana, resulta relevante pues solo a través de  estudios en diversas culturas y contextos, podrían identificarse los factores comunes en la conducta sexual y sobre todo en la violencia sexual, favoreciendo el conocimiento de la dinámica para implementar medidas efectivas para la prevención y atención de esta conducta.

La violencia sexual puede caer dentro de la clasificación  de un delito sexual; este legalmente se define de la siguiente forma, Tomando en cuenta el Código Penal del Estado de Yucatán, se entiende como delito, toda conducta humana activa u omisiva, antijurídica, típica, imputable, culpable, punible y sancionada por las leyes penales (Diario Oficial del Gobierno del Estado de Yucatán, 2011). Esta definición delimita la gama de conductas y la forma de diferenciar una variación en la conducta sexual y lo que se tipifica como delito de índole sexual. En Yucatán  y en general en México y el mundo, la delincuencia sexual resulta de gran impacto por su baja denuncia, de igual forma,  se consideran de mayor gravedad, debido a que incluye las consecuencias físicas y psicológicas que trae este delito a las víctimas, afectando no sólo el honor, sino también la integridad y la dignidad como persona; por lo que, si bien se afecta la libertad de la elección sexual, las víctimas viven esos sucesos como atentados a su privacidad, a su intimidad, a su físico y a su identidad en forma integral, de igual forma afecta a los que los rodean (Familia y amigos) (Burgos, 2009).

Retomando los puntos abordados previamente, los delitos de índole sexual,  no se deben exclusivamente a un factor,  consisten en una serie de factores causales que llevan al sujeto a cometer esta conducta penada por la ley. Por otro lado la mayoría de los delitos de índole sexual son cometidos con violencia, este componente  agrava la conducta y por ende la pena así como la disminución del pronóstico de éxito para la readaptación y prevención de la reincidencia (Pueyo y Redondo, 2007).

Debido a lo anterior, se recomienda que  los delitos de índole sexual deben abordarse desde un enfoque integrador, incluyendo el trasfondo social y la psicología de quienes delinquen, resulta importante considerar las variables individuales, pues aunque el individuo es un producto de la influencia ambiental, no deja por eso de ser alguien diferente del resto, con motivaciones propias y peculiares (Jiménez, 2009). La teorías explicativas de la violencia sexual, pueden servir de guía para estudiar los factores individuales, así como  los factores de la personalidad que motivan la agresión y comisión de delitos sexuales.

Por lo tanto desde el punto de vista individual, si se toma en cuenta que la conducta sexual delictiva es una conducta concreta del individuo, expresión de su relación con la víctima en un lugar (espacio) y en una fecha (tiempo) determinados, la dificultad del delincuente gira en torno a aceptar la ley, lo que implica dificultades en el desarrollo de su personalidad y desde la perspectiva social significa una alteración, violación o transgresión de la norma establecida (Romi, 1995). Como conclusión, a lo largo de este texto se recalca el hecho de que la conducta sexual humana no tiene una explicación única, es algo multifactorial, por lo tanto la violencia y delitos de índole sexual deben interpretarse bajo un enfoque multifactorial.

Resulta necesario que los expertos en el área tengan claros los enfoques desde el punto de vista psicológico que pueden explicar estas conductas, ya que de esta forma se pudieran generar estrategias efectivas para la prevención. Po último considero que además de conocer las teorías explicativas desde la psicología,   para hacer interpretaciones de delitos sexuales o conductas sexuales, es necesario el estudio de la sexualidad humana, área que en ocasiones se olvida al momento de tratar de explicar estas conductas.

Referencias


ResearchBlogging.org
Jiménez, P. (2009). Características psicológicas de un grupo de delincuentes sexuales Chilenos a través del Test Rorschach PSYKHE, 18 (1), 27-38

Pueyo, A. A.,, & Redondo, S. (2007). La predicción de la violencia Papeles del Psicólogo, 28 (3), 145-146

Romi, J. C. (1995). Reflexiones sobre la conducta sexual delictiva Revista de psiquiatría forense, sexología y praxis. De la Asociación Argentina de psiquiatría

Burgos, A. (2009). El ofensor sexual y su abordaje psicológico forense en Costa Rica Revista digital de maestría en ciencias penales de la Universidad de Costa Rica

Centro Nacional de Recursos sobre la Violencia Sexual (2005) Conclusiones del Informe Mundial sobre la violencia y la salud. Recuperado de: http://www.nsvrc.org.

Diario Oficial (2011). Título tercero de los delitos y las responsabilidades. Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión: Autor.

Ibáñez Peinado, J. (2012). Psicología e investigación criminal, la delincuencia especial. Madrid: Dykinson.

Soria, M. A., & Hernández, J. A. (1994). El agresor sexual y la víctima. Barcelona: BOXIAREU Universitaria.

sábado, 28 de marzo de 2015

Violación y Relaciones de poder III: Conclusiones y mirada hacia un futuro de prevención

Nota del autor: Las conclusiones presentadas a continuación se derivan de un breve análisis del discurso en tres testimonios de víctimas de violación, para un mayor acercamiento al método y análisis de los testimonios, ponerse en contacto con la autora. 


La cultura mexicana en la actualidad responsabiliza a las mujeres de los actos cometidos por los hombres hacia ellas, haciéndose evidente la relación de poder en cualquier nivel del abuso sexual. Existen víctimas con mayor riesgo de sufrir violencia, como las mujeres jóvenes, aisladas socialmente, dependientes económica y emocionalmente de sus parejas desde edades tempranas o las mujeres consumidoras de drogas o frecuentadoras de ambientes marginales, con antecedentes de maltrato. . Existen situaciones específicas, como la ruptura reciente de pareja protagonizada por la mujer o las condiciones de un divorcio conflictivo en relación con el régimen económico o la custodia y el régimen de visitas de los hijos, que propician la aparición de conductas violentas. Sin embargo  estos no son los únicos factores determinantes para que una mujer tenga mayor probabilidad de ser víctima, es necesario que se conjunten varios factores, como características personales o de su rutina de vida,. Desde esta perspectiva, el único responsable de las conductas violentas hacia la mujer, es  el agresor (Echeburúa, 2010:135). 

Actualmente las prácticas jurídico-penales se encuentran  orientadas a la denuncia, al aislamiento y en último término, al encarcelamiento masivo y prolongado de maltratadores y violadores. Esto refleja que los modelos actuales de prevención, tienen se fundamenta en  el control de los fenómenos delictivos. Los autores consideran que dichas estrategias punitivistas resultan poco realistas e ineficaces. Pues pese al empleo intensivo de estas estrategias, no se ha  logrado reducir ni el número de asesinatos de mujeres o las tasas de denuncia por maltrato, ni las agresiones sexuales extra o intrafamiliares.

“Prevención, es un término desgastado, más por usarlo indebidamente y retóricamente, que por hacerlo realidad mediante acciones concretas” (Echeburúa, 2010:237).
Hacer prevención significa emprender actuaciones de diversos tipos (educativas, sociales, de ayuda social y económica, de mejora urbanística), que tengan como objetivo, y que logren  disminuir las agresiones contra las mujeres. Esto último es muy importante: las acciones preventivas no se identifican y se justifican por su mera intención, sino por sus resultados, que deben poder ser evaluados. 

Aunque es evidente que la variable del sexo condiciona la prevalencia de los delitos y de las conductas violentas, en realidad tanto en varones como en mujeres es pequeña la proporción de personas que llevan a cabo comportamientos violentos graves y reiterados. Lo anterior quiere decir que,  más allá del factor del sexo, son las características individuales las que finalmente condicionan el comportamiento violento delictivo.

Aunque la mayoría de los esfuerzos de prevención se han enfocado en las mujeres, enseñarles estrategias de autoprotección como  no salir solas y a defenderse, está prevención seguirá siendo inútil para eliminar la violencia sexual, pues las mujeres seguirán siendo responsables de un acto que es cometido contra ellas y no se realizan esfuerzos para que se modifique al generador de violencia, que en la mayoría de los casos es un hombre (Tzompantzi, 2007: 61).

La prevención debería estar encaminada a una constitución de los programas de prevención que integren las relaciones de poder como eje transversal de las acciones cometidas por los agresores sexuales. Actualmente, se les da tratamiento terapéutico para tratar de encontrar como se desato su “desviación sexual”, pero solo basta con mirar  los expedientes carcelarios y resulta evidente que no todos los violadores fueron víctimas de violación, de hecho muchos de ellos tenían una vida sexual dentro de los parámetros de la normalidad. Eran ciudadanos ejemplares, padres, esposos, hijos y tíos;, entonces, ¿Qué los llevó a cometer esos tipos de actos violentos en contra de otra u otras personas?. Es evidente que buscaban llenar algo que les hacía falta en sus vidas diarias, y la respuesta, bien pudo ser la necesidad de controlar y sentirse dueños de alguna situación o de que una persona hiciera lo que querían cuando ellos lo querían. 

Los esfuerzos de la prevención se consideran generalmente en términos de prevención primaria, secundaria y terciaria. La prevención primaria implica esfuerzos de reducir la incidencia de un problema entre una población antes de que ocurra. La meta de la prevención secundaria, ha sido identificar servicios que ayuden a reparar el daño causado por la violación sexual. La prevención terciaria implica tentativas de reducir al mínimo el curso del problema una vez se causó el daño, que en este caso implica la identificación de la violencia sexual, los perpetradores, del control del comportamiento y su efecto, castigo y o tratamiento para los autores, por lo tanto la prevención primaria está enfocada al trabajo con hombres, la secundaria a víctimas de la violación y la terciaria a perpetradores de violación. (Wolfe y Jaffe, 2002; Funk, 2006 citado por Tzompantzi, 2007: 62) 
Así  la prevención resulta efectiva cuando se usan una variedad de tácticas de manera conjunta. Teniendo en cuenta que  la prevención debe estar enfocada a parar la violación, esto solo es posible si se trabaja con hombres, pues el único factor de riesgo para ser victimario sexual es ser hombre, tener un pene y ocuparlo como arma para controlar y dominar a una mujer (Funk, 2006 citado por Tzompantzi, 2007: 63).

Los principales mensajes epidemiológicos, señalan que  el mayor predictor para ser víctima de violación es la condición de ser mujer, mientras que el mayor predictor de ser perpetrador sexual es ser hombre, pertenecer a una cultura y/o subcultura que condona la violencia y denigra los roles femeninos. 

Desde el ámbito social, la prevención puede estar enfocada a la legislación, dado que está, es una forma de prevención dirigida a la población en conjunto. El encarcelamiento de los victimarios los mantiene fuera de las calles para evitar que sigan cometiendo violaciones, pero la pregunta más importante en la legislación contra la violación es si la sanción legal desalienta la violación sexual de los hombres no convictos. La certeza de castigo es efectiva para reducir la tasa del crimen, sin embargo, la severidad del castigo no lo es. El castigo está muy lejos de ser una solución para la violación. En términos de prevención, el castigo apoya la reforma legislativa y la política para ejercer su cumplimiento y proceso legal, de tal  forma  que se tenga la seguridad sobre el castigo a perpetradores y delitos sexuales. El cumplimiento riguroso de las sanciones legales en contra de la violación, mostraron un sentimiento público con respecto a lo inaceptable que es la violación y en consecuencia influirá sobre las normas de comportamiento. (Swift, 1985 citado por Tzompantzi, 2007: 63).

La legislación encaminada a codificar la igualdad de las mujeres y sus derechos en los ámbitos educativo, político y social, es solo una parte de las estrategias de prevención integral para eliminar la violación. Otra estrategia puede ser el desarrollo de capacidades, estas técnicas están diseñadas para prevenir ser víctima. Tiene potencial para reducir significativamente la incidencia de victimización en ciertas poblaciones huésped.
Luchar y oponerse es reclamar para sí el poder que la mujer tiene, es un acto que las mujeres deben reproducir en todos y cada uno de los círculos de la interacción social (Switf, 1985 citado por Tzompantzi, 2007: 63). 

Una propuesta para este plan de intervención, sería que se  elimine el plan de estudios y prácticas educativas sexistas, que promuevan la subordinación. La prevención de la violación requiere de la intervención en las escuelas para no reproducir el sistema de opresión contra las mujeres, así como una educación no estereotipadas.

Se debe tomar en cuenta que ninguna de las estrategias antes mencionadas tendrá el éxito deseado para evitar la violación si se hace por separado. La prevención de la violación requiere cambios simultáneos en las instituciones políticas, económicas, educativas y sociales, así como un cambio de cada uno de los sujetos pertenecientes a una cultura. 
Cómo cualquier otro problema social, la solución no solo depende los afectados, sino de toda la sociedad pues los problemas del otro son problemas nuestros; queda claro que comenzamos a ser éticos cuando nos responsabilizamos más por el otro que por nosotros mismos.

Referencias 

Echeburúa, E. y. (2010). ¿Porqué víctima es femenino y agresor masculino? La violencia contra la pareja y las agresiones sexuales. Madrid: Psicología Pirámide.

Tzompantzi, M. (2007). La opinión de los hombres con respecto al fenómeno de la violación sexual de las mujeres. (Tesis de Licenciatura) Universidad   Nacional Autónoma de México.

sábado, 21 de marzo de 2015

Violación y Relaciones de poder: la violación que deja de ser un acto sexual para convertirse en un acto de poder (II)


La violación teóricamente es considerada como:

“Cualquier hecho que sobrepase los límites corporales y psicológicos de la persona. Es una acción forzada en la cual hay penetración vaginal, anal u oral del pene o cualquier otro sustituto del mismo, con carencia de consentimiento. Este tipo de violencia da como resultado un rompimiento de equilibrio físico, emocional, social y sexual del individuo (González, 1997 citado en Tzompantzi, 2007: 16)”.

La violación es un producto de las expresiones de la sociedad sexista que conceptualiza a la mujer como un ser inferior, incapaz de llevar a cabo las actividades que el patriarcado ha definido para hombres y, por ello, se le concibe como objeto sexual y blanco de violencia.
Para analizar las causas y las razones de la violencia es importante tener en cuenta los tres elementos que la conforman el agresor, la víctimas y la relación entre ambos.

Según Groth y Birnbaum (1980, citados en Tzompantzi, 2007), se distinguen tres componentes motivacionales que se pueden encontrar en la violación:

1) La violación por ira: En este tipo de violación, la sexualidad se ha vuelto un medio para expresar y descargar sentimientos. El agresor no busca satisfacción sexual, busca lastimar, castigar y humillar a su víctima, y ve a la sexualidad como arma para cometer su crimen. (Groth y Birnbaum, 1980 citados en Tzompantzi, 2007: 18)

2) La violación por poder: Su principal característica es que, el poder parece ser el factor dominante que motiva al victimario. En estos asaltos, el intento del victimario no es lastimar a la víctima sino poseerla. La sexualidad se vuelve un medio de satisfacción para los sentimientos principales de insuficiencia y sirve para expresar poder, fuerza, control, autoridad e identidad. Existe una necesidad desesperante de parte del victimario para asegurarse a sí mismo sobre su capacidad como hombre, la violación le permite sentirse fuerte, poderoso y que tiene el control sobre alguien más (Groth y Birnbaum, 1980 citados en Tzompantzi, 2007:18).

3) La violación sádica: Aquí se encuentra que, tanto la sexualidad como la violencia están fusionadas en una experiencia psicológica conocida como sadismo. La violencia se vuelve erotizada, y el victimario encuentra la deliberada e intencionada violencia sexual intensamente excitante y gratificante. En algunos casos, el victimario es un individuo que no puede alcanzar una supuesta satisfacción a menos que su víctima se resista físicamente. En casos extremos, podría matar a su víctima y mutilar su cuerpo. (Groth y Birnbaum, 1980 citados en Tzompantzi, 2007: 19).

Como se observa,  en cualquiera de los tipos de violación mencionados, se encuentra inmiscuido el uso del poder como eje principal para someter y controlar. Tales comportamientos pueden adoptar cuatro modalidades básicas: las agresiones sexuales por desconocidos, las que cometen algunos individuos sobre víctimas a las que conocen, las que se producen en el marco de relación de pareja (matrimonios, parejas de hecho, novios) y las agresiones sexuales realizadas en grupo.

Las diferencias entre las modalidades antes mencionadas pueden resumirse de la siguiente manera: “1) marco relacional o de interacción en que se produce la agresión ( si existen o no conocimiento y relación previas entre la víctima y el agresor); 2) la gravedad que puede tener para la víctima de una u otra modalidad de agresión, y 3) la etiología  de cada tipo de agresión sexual y el nivel de riesgo de futuras agresiones en función de las diversas categorías mencionadas  (Echeburúa, 2010: 123).

La violación sexual por un conocido, guarda relación directa con los roles de género en la sociedad patriarcal, pues las normas de género para las mujeres incluyen sumisión, respeto a la autoridad masculina, dependencia, virginidad y fidelidad; en tanto que para los hombres, las normas se relacionan con el poder, control e interdependencia, no mostrar emociones, correr riesgos, recurrir a la violencia para resolver conflictos, iniciar la actividad sexual y tener relaciones con varias personas. (Schuller, 2005 citado en Tzompantzi, 2007: 21).


La agresión en el contexto de las relaciones de pareja viene condicionada y fenomenológicamente definida por la existencia de una previa relación de intimidad entre el agresor y la víctima (Echeburúa, 2010: 139). Las agresiones sexuales en grupo se tratan de un fenómeno prioritariamente urbano y correspondería a una de cada tres agresiones sexuales juveniles denunciadas. El porcentaje de episodios en que se consuma la violación cuando se trata de una agresión grupal es claramente superior (más del 80% de los casos) que cuando se trata de agresores aislados (en que la agresión se completa en torno al 50 % de las ocasiones)” (Echeburúa, 2010: 140-141).

Las relaciones de poder en el delito de Violación

“La violación no es un acto sexual sino un acto de poder, de dominación” (Pérez, 2002). Desde  hace varios años atrás, la historia oficial la escriben los que tienen el poder y generan explicación de la realidad basada en su posición dominante, de esta forma, los hombres han escrito sobre las mujeres, los adultos sobre los niños, los pueblos ricos sobre los pobres, los opresores sobre los oprimidos;  en este sentido, la  opinión de quien no tiene poder suele ser silenciada. La historia de la agresiones sexuales es una historia de olvido y silencio, de una realidad negada tanto individual como colectivamente.

Como ya mencioné, la mayoría de los agresores sexuales condenados son varones (alrededor del 90%) y tienen como víctimas principales a mujeres jóvenes. En todos estos casos existen  diferentes tipos de poder, así se puede hablar de un  poder real o personal, y otro tipo de poder, que denominaremos poder sobre algo este supuesto poder es característico de los maltratadores, pero nunca suelen tenerlo tanto como quisieran. (Jayne, 2002).

El poder supuesto consiste en ganar, en llevar la razón, en dominar sobre las personas, lugares y cosas (poder de control, poder político, poder social). El poder personal  es aquel que permite tomar decisiones y emprender acciones sin culpar a los demás y sin hacerlos responsables de nuestros actos, Jayne (2002) propone que la violencia es la última expresión de poder. El poder se refleja en el uso del lenguaje, quizá sea un simple capricho de este pero está ya establecido en el pensamiento general que el agresor es masculino y víctima femenino, y más curioso aún, es que el término agresor dispone de su forma femenina, sin embargo, el término víctima solo parece tener forma femenina.

La sexualidad es tomada como instrumento de poder e ira por parte de los hombres. Los hombres son los poseedores universales de las mujeres, ellos pueden y deben apropiarse sexualmente de las mujeres con el fin de demostrarse a sí mismos y a los otros hombres su virilidad. (González, 2001 citado en Tzompantzi, 2007).  Bobbio (1989) habla de una interpretación relacional del poder, en la cual, por poder se debe entender como una relación entre dos sujetos, en la cual el primero obtiene del segundo un comportamiento que de otra manera no habría realizado. Lo anterior bien podría ser una definición de la violación si agregáramos el componente sexual, es por esta razón que se habla de las relaciones de poder como parte fundamental del delito de violación.

De igual forma que Bobbio propone,  Haugaard (2010) y los seguidores de Weber, en especial Dahl y Lukes reafirman: el poder como dominación, en tanto que el «poder» constituye la capacidad de A para hacer que B haga algo que de otra forma no haría. El discurso del hombre que maltrata a las mujeres y las domina está direccionado hacia su propia persona. Continuamente piensa en cuanto poder tienen los demás en comparación con él y “convierte su deseo de poder en el motivo primario de su comportamiento ofensivo”  (Jayne, 2002).

Pero, ¿cómo son las relaciones de poder? Tras aseverar que más de una veintena de rasgos distintivos de la relación de poder pueden encontrarse en la literatura especializada, Jiménez (2006: p. 24) alude particularmente a seis:

1. Es una relación dialéctica.
2. Es una relación probabilística.
3. Es una relación de dependencia.
4. Es una relación asimétrica.
5. Es una relación condicionada por la situación.
6. Es una relación causal.

Cuando Jiménez (2006: 24) menciona que las relaciones de poder son relaciones dialécticas, hace referencia a que “entre A y B debe existir algún tipo de interdependencia, vínculo, conexión o interacción reales”. El mismo autor, realiza esta especificación con la finalidad de excluir la posibilidad de que existan relaciones de poder entre agentes “ultraterrenos” o sobrenaturales.

Ahora bien, la interacción en las relaciones de poder deben ser, de alguna forma, acciones realizadas por los actores que ejercen el poder “provoquen” acciones en otros sobre los cuales es ejercido. Esta idea se acerca mucho a la noción de causalidad.

Foucault crea una distinción entre las relaciones de poder y las meras relaciones físicas de coacción: “la esclavitud no es una relación de poder cuando la persona está encadenada, sino justamente cuando puede desplazarse y en última instancia escapar” (1988:16). Existe cierta discusión sobre si la condición asimétrica o desigual de las relaciones de poder es absoluta o relativa, y entre sí, es inmutable o transformable.

Para Jiménez (2006: 25), “entre A y B hay una relativa desigualdad, del tipo que fuere. Lo que no excluye que, pasado el tiempo, o en otro escenario diferente, sea B el que ocupe la posición de A y sea distinta esa asimetría”. Lo que nos remite a los casos en que se argumenta que una persona que fue víctima de violación o abuso sexual durante su infancia tiene una mayor probabilidad de convertirse en agresor sexual en la edad adulta.

Referencias

Bobbio, N. (1989). Estado, Gobierno y Sociedad. México: Fondo de Cultura  y Económica.

Echeburúa, E. y. (2010). ¿Por qué víctima es femenino y agresor masculino? La violencia contra la 
pareja y las agresiones sexuales. Madrid: Psicología Pirámide.



ResearchBlogging.orgHaugaard, M (2010). Democracy, Political Power, and Authority Social Research , 77 (4), 1049-1074

Jayne, P. (2002). Mujeres que sufren demasiado. Barcelona: Urano.

Jiménez B., F. (2006). Perspectivas teóricas y definicionales sobre el poder y la autoridad. En 
Jiménez B., F. (Coord.). (2006). Psicología de las relaciones de autoridad y de poder
Barcelona: Universitat Oberta de Catalunya.

Perez, F. (2002). Violador, un poder infame sobre las mujeres. Barcelona: Belocava.

Tzompantzi, M. (2007). La opinión de los hombres con respecto al fenómeno de la violación sexual 
de las mujeres. (Tesis de Licenciatura) Universidad Nacional Autónoma de México.

sábado, 14 de marzo de 2015

¿Prevenir o reprimir el delito?



Mi sugerencia de esta semana es un texto publicado en la revista electrónica de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). En mi entrada anterior comenté que era más oportuno invertir en estrategias de prevención que en las de control. En efecto, sigo pensando lo mismo, ya que en nuestro país las estrategias de represión han resultado poco efectivas en términos de reducción del delito especialmente la política criminal de “Tolerancia Cero” o en menor medida la de “Ventanas Rotas”.

La política de tolerancia cero es una línea de actuación de mano dura desarrollado en los años 90 por el alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, que por cierto visitó nuestro país para capacitar en dicha política e instrumentarla en el Distrito Federal. Esta política tiene como objetivo perseguir cualquier delito “callejero” y aplicarle el máximo posible de sanción, así como indagar si el presunto infractor ha realizado otros delitos asociados donde se le pueda implicar. Aunado a esta política, no está de más decir, que con ello se criminalizó a cualquier persona que pareciera “sospechoso”, se contribuyó a la discriminación y xenofobia (Aller Maissonave, 2010).

El modelo de Ventanas Rotas se ha fundamentado en las investigaciones que Zimbardo hizo en los 60. La idea principal es que cada ventana rota (carro abandonado, calles descuidadas, sin iluminación o con graffiti) debe ser reparada rápidamente, de lo contrario las personas concluirán que no importa preservar ese lugar, que no hay protección, que los bienes pueden ser tomados por cualquier persona y se puede hacer lo que se quiera con ellos. Este modelo ha funcionado dentro de la teoría situacional del delito, por lo que considero que es útil en términos de restauración del espacio y como un factor que fomenta el cuidado de las comunidades, sin embargo también ha dado como resultado la criminalización de ciertos sectores, normalmente los más marginados y por lo tanto a las personas que en ellos habitan desarrollándose “ciudades perdidas” u olvidadas.

Este texto me parece una buena oportunidad para conocer lo que han hecho en otras partes del mundo y como han sabido utilizar ambas estrategias para la reducción del delito, las cuales han evidenciado y documentado, llamándolas como intervenciones de “doble orientación” argumentando que entre la prevención y la represión no debería existir un dilema, pues el punto no es elegir entre una de las dos sino, considerar ambas y cuestionarse en qué y cómo se invierte el dinero, cuya finalidad tenga la de reducir el delito y la violencia en un espacio.

En el texto se plantea el reto de identificar prácticas exitosas con respecto a la prevención de la violencia de manera regional y en específico de los países que integran América Latina. Así mismo, plantear acciones dedicadas a reprimir y otras a prevenir el delito en la búsqueda de consolidar (o al menos en teoría) la seguridad ciudadana.

Los puntos a destacar desde mi perspectiva como los más importantes, son los siguientes:


  1. Existe un problema relativo a la comparación de estrategias de prevención de la violencia y el delito a nivel regional. Esto se debe a la escasa información que hay al respecto de estas prácticas, además del poco interés manifestado para levantar estadísticas de utilidad referentes, no solo a las acciones y su impacto, sino a las que miden los delitos. Las fuentes de información son pobres o poco confiables., por lo tanto, se invita entonces a contribuir a sistemas de información sobre el delito.
  2. Al considerar a la violencia desde un enfoque multicausal y por esa razón se necesita de esfuerzos que contemplen modelos que atiendan a los factores asociados tanto con la victimización como con la delincuencia. En este sentido,  hace falta considerar dentro de este enfoque multicausal los costos económicos que acarrea la violencia para tratar de observar el impacto en la sociedad.
  3. Se propone una definición y distinción entre la seguridad ciudadana y seguridad pública. La seguridad ciudadana ha sido definida poniendo como punto importante la intangibilidad y su carácter subjetivo. De manera amplia, se define como la preocupación por la calidad de vida y la dignidad humana en términos de libertad, acceso al mercado y oportunidades sociales.
  4. La pobreza y la falta de oportunidades, el desempleo, el hambre, el deterioro ambiental, la represión política, la violencia, la criminalidad y la drogadicción pueden constituir amenazas a la seguridad ciudadana.
  5. En un nivel más limitado, la seguridad pública ha sido definida como el conjunto de políticas y acciones coherentes y articuladas que tienden a garantizar la paz pública por medio de la prevención y represión de los delitos y las faltas contra el orden público, mediante el sistema de control penal y el de la policía administrativa (González Ruiz, López y Núñez, 1994).
  6. Las políticas para generar mayor seguridad ciudadana que se proponen y al parecer, han manifestado mayor éxito, son aquellas que consideran tanto medidas de prevención como medidas de control. Se apuesta a programas de doble orientación que consideren algunos criterios para su realización como: coordinación interinstitucional, participación ciudadana, prevención a través de programas educativos y acciones para el mejoramiento del registro de delitos a nivel nacional y regional.


Podemos decir que las estrategias de prevención del delito buscan teóricamente trabajar con el fortalecimiento de la seguridad ciudadana. Lo que plantea el texto, es que tanto las medidas de prevención como las de represión o control, propias de la autoridad, trabajen en conjunto para apoyar a la seguridad ciudadana.

Entonces no hay que olvidar, que en efecto, son importantes las inversiones en términos de control (armas, patrullas, cámaras de vigilancia, etc); sin embargo  considero que estas inversiones deberían ser  mínimas en comparación a estrategias de prevención que apuesten a la cohesión social, a la formación de ciudadanía, la participación social en los temas que interesan a los integrantes de una comunidad, la cultura de la legalidad, entre otros. Y lo más importante y que también es planteado en el texto, es la necesidad de evidenciar las prácticas que funcionan en términos de prevención, de tal forma que se tenga un termómetro de que las acciones que se hacen y en lo que ha invertido el sector público y privado ha dado resultados, o bien, que no los ha dado y hacer las cosas de manera diferente.

Referencias


ResearchBlogging.orgArriagada, I., & Godoy, L. (2000). Prevenir o reprimir: falso dilema de la seguridad ciudadana Revista de la CEPAL, 70, 107-131

Aller Maissinove, G. (Agosto de 2010). Paradigmas de la criminología contemporánea. Congreso de Derecho Penal del Bicentenario de la Argentina. Charla llevada a cabo en la Facultad de Derecho, Universidad de Buenos Aires, Argentina. 

sábado, 7 de marzo de 2015

Violación y Relaciones de poder (Parte I)

La violación que deja de ser un acto sexual para convertirse en un acto de poder (Parte I)



“Durante mucho tiempo y aún en la actualidad, la violación se tomó como un derecho, el “jus primae noctis” o “derecho de pernada”, se difundió en el Medievo, no como un delito sino como la facultad o ganancia de disponer de las mujeres que son consideradas como propiedad de los señores feudales” (Olvera, 1987: 22 citado por Tzompantzi, 2007). En México, este derecho fue heredado por los españoles a los hacendados o caciques y consistía en reclamar a un peón a su servicio, que se casaba, el disfrutar sexualmente de la novia en la noche de bodas, antes que él.

Hasta finales del siglo XIX, la violación sexual era un crimen contra la propiedad de los hombres. Las mujeres después de una gran lucha, fueron reconocidas como ciudadanas, con derechos y capacidades. Desde entonces el atentado sexual es problema “supuestamente” femenino. Y es el único delito cuya prueba requiere, además de investigar los hechos, husmear en la historia íntima, pasada y presente de quien sufrió el daño. (Hercovich, 1997 citado por Tzompantzi, 2007).

Al parecer la violación en nuestro país es un caso fantasma, a pesar de que este crimen existe desde hace muchos años, la investigación, la información, la educación, la legislación y la atención insuficiente e inadecuada hace que se generen muchas dudas con respecto a este suceso creando mitos alrededor de la violación y revictimizando a la mujer que sufrió ese delito, haciéndola responsable tanto de la violación como de la prevención y la solución. El problema con la violación es que, aún en la actualidad se ve como un acto sexual motivado por las necesidades reprimidas de un individuo, pero como señala Groth y Birnbaum (1980), la violación es la expresión sexualizada del poder y la ira. La violación es un acto pseudosexual, complejo y multideterminado, pero que comprende temas de hostilidad (ira) y control (poder) más que de pasión (sexualidad).

La cultura patriarcal en la que vivimos cimienta el poder masculino en la represión de la sexualidad femenina y el sometimiento de las mujeres. Esta visión del mundo y de las relaciones entre las personas, favorece que algunos hombres consideren a las mujeres como su propiedad, incluida su sexualidad, que puede ser usada cuando ellos quieran. Así, el coito forzado se convierte en la reafirmación del poder,  la autoridad de los hombres y la represión de las mujeres (Rich, 1996: 4).

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Violencia contra las Mujeres (INSP-SSA, 2006), 12.7% de las mujeres usuarias de los servicios de salud encuestadas mencionaron haber sufrido violencia sexual alguna vez en su vida. Existen marcadas diferencias en la prevalencia de la violencia sexual en el país, que reportan de sus diferentes estados, un rango que va desde 7.1% en Aguascalientes hasta 21.2% en Sinaloa. Jalisco, Colima, Durango, Estado de México, Nayarit, Michoacán, y Tabasco, los cuales  presentan mayor porcentaje de mujeres víctimas, ya que entre el 19.5% y el 15.5% de las mujeres han sufrido algún abuso sexual en algún momento de su vida.

En la Encuesta Nacional de Salud  Reproductiva (2003), del total de mujeres que fueron obligadas a tener relaciones sexuales, 13.7% mencionaron que esta situación ocurrió cuando eran menores de 10 años y el 65% entre los 10 y 20 años de edad.  Por otro lado, la Encuesta Nacional sobre Violencia contra las Mujeres (INSP-SSA, 2003) señala que 7.6% de las mujeres entrevistadas reportaron haber sufrido abuso sexual antes de los 15 años, siendo el agresor casi siempre alguien conocido: el padre (7.2%), el padrastro (8.2%), algún otro familiar (hombre) (55.1%) o el novio (3.4%). De igual forma, no hay que olvidar que los niños y jóvenes junto con las mujeres son víctimas de abusos sexuales

En nuestro país la violación es un hecho más común de lo que se imagina y solo una pequeña parte de estas violaciones son denunciadas ante las autoridades.

Actualmente, la Dirección General de Política y Estadística Criminal del Distrito Federal nos dice que en promedio al día se presentan 1.4 averiguaciones previas del delito de violación. Cifra que parece no reflejar la realidad, ya que estudios del Secretariado de Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública nos dicen que durante el año 2012 se presentaron 843 comisiones de este delito en el Distrito Federal y 14, 050 a Nivel Nacional (Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, 2013).

Son raros los casos en que mujeres y niños recurren a la justicia para denunciar la violencia sexual, y cuándo lo hacen se les revictimiza, lo que quiere decir que las tratan con recelo, apatía y falta de respeto, además de que  los casos en donde se condena a los agresores, resultan pocos.

Aunque debe reconocerse que se ha avanzado en el campo de la atención a víctimas del este tipo de delito. Y es que “el interés por las víctimas se extiende cada día más y no parece ser simplemente una “moda” intelectual, sino que se ha convertido en un campo profesional y de conocimientos en expansión, que se agrupa bajo la etiqueta de la “victomología” (Echeburúa, 2010: pág 15).

Entre las instituciones especializadas en la atención de estos casos, figuran: En el Distrito Federal se encuentran:


  1. El Centro de Terapia de Apoyo a Víctimas de Delitos Sexuales en donde ofrecen atención psicológica, medica, trabajo social, asesoría y asistencia jurídica de forma gratuita. 
  2. La Dirección General de Atención a Víctimas del Delito la cual proporciona orientación y asesoría jurídica a las víctimas y ofendidos del delito en el orden federal, promueve que se garantice y haga efectiva la reparación del daño e interviene para que se les proporcione atención médica, psicológica y asistencial, mediante programas y acciones específicas, de manera directa o en colaboración con las unidades administrativas de la propia institución, así como con organismos públicos federales, estatales, municipales y organizaciones de la sociedad civil.
  3. El Centro de Apoyo Sociojurídico a Víctimas de Delito Violento brinda a las personas apoyo terapéutico, de trabajo social, acompañamiento, asesoramiento y tiene especialidad en atender a víctimas de secuestro y de tortura. 


No cabe duda que la creación de estas instancias significan un paso gigantesco en el mejoramiento de la atención a víctimas, pero aún queda mucho camino por recorrer, pues se necesita formar especialistas en la materia, seguir fomentando en la sociedad la conciencia de denunciar los delito y la confianza en las autoridades; finalmente, vale la pena resaltar que aunque se logren formar teóricamente a los especialistas necesarios, estos tienen que tener sensibilidad y empatía hacia las personas que llegaran a solicitar los servicios, pues lo que tienen que encontrar es un ambiente reconfortante, en el cual puedan sentirse  seguros y seguras, en confianza para poder hablar de un hecho tan traumático y romper así el ciclo  no la revictimización que se vive en la actualidad.

Referencias


ResearchBlogging.org
Tzompantzi, M. (2007). La opinión de los hombres con respecto al fenómeno de la violación sexual de las mujeres. (Tesis de Licenciatura) Universidad   Nacional Autónoma de México.

Instituto Nacional de Salud Pública, & Secretaría de Salud (2003). Encuesta Nacional sobre Violencia contra las Mujeres 2003 ENVIM Encuesta Nacional sobre Violencia contra las Mujeres 2003 ENVIM

Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. (2013). Incidencia Delictiva del Fuero Común 2012. Recuperado  de : http://www.secretariadoejecutivosnsp.gob.mx/work/
models/SecretariadoEjecutivo/Resource/131/1/images/CIEISP2012_DICIEMBRE_200213.pdf.